martes, 8 de marzo de 2011

Basado en hechos reales

Salgo del baño, tras terminar de recogerme el pelo, sin prisa alguna, son las 23:45 y el sueño aún no ha decidido si quiere llevarse bien conmigo o, por el contrario, pasar de mi esta noche. Daré la segunda por respuesta si sigue dudoso en media hora. Entro en mi habitación y no puedo evitar pararme nada más observar como el mismísimo "Rastro" se ha instalado en ella. Tres pantalones en la cama, otros tres más enfrente de esta, mi silla y los abrigos parecen tener una estrecha relación y los papeles de mi mesa se multiplican por segundos. Dios mio, que desastre, a lo mejor debería recoger un poco. Las palabras "a lo mejor" siguen resonando en mi mente un rato más, finalmente las obvio. Cosa rara en mi.

Comienzo por la cama y decido escoger uno de esos tres pantalones como mi atuendo para la mañana siguiente, el resto lo tiro en el baúl que sostiene los otros tres pantalones. Eso ya lo recojo lo último. Comienzo a romper relaciones, vuelvo a ocupar mi cama, esta vez con el abrigo. Esto parece la pescadilla que se muerde la cola, bueno, primero elige lo de mañana. Eso hago, escojo una chaqueta, elijo una camiseta y cojo uno de los abrigos. Y ¿El resto? ¿Todo esto sobra? Pff...

Parece interminable. Sí, parece, porque al mirar el reloj descubro que son las 23:47, solo llevo dos minutos tratando de solucionar este desastre. Abro el cajón en busca de un poco de fuerza de voluntad, pero parece que hoy pierdo todo lo que necesito y no se dónde puedo haberla metido. Observo la silla vacía, sin compañía, sin ese familiar cercano en el que ya se han convertido todas las prendas para el frío que allí colocaba. Me giro al baúl, está agobiado por todos los desconocidos que han aparecido de repente en su vida y hoy no se siente excesivamente sociable. Suspiro mientras meto las manos en los bolsillos de mi pijama, siento que estoy tocando algo desconocido ¡Vaya! Aquí estaba la fuerza de voluntad.

Decido utilizarla para acercarme a mi armario y coger una percha, prefiero no obligar a mi baúl a hacer amigos con alguien si tiene un mal día, así que coloco en la suertuda percha que he cogido al azar de entre todas las de mi armario el abrigo más pesado de todos los que tengo, encima. Vale, Marta, parece que vamos avanzando, por fin. Miro el reloj de nuevo, 23:54. Bueno, al menos parece que esta vez no solo se me ha hecho largo, sino que me ha cundido algo. Sé sincera contigo misma, Marta, en realidad solo has colgado un abrigo. Mi cabeza decide funcionar en mi contra y empieza a hablarme, mientras tanto mi otra mitad, como si del doctor Jekyll y mister Hyde me tratase, le contesta de forma no muy agradable a esa pesimista parte de mi que raramente sale. Pues sí ¿Y qué? Algún abrigo tendrá que ser el primero ¿No crees?

Intentó parar la guerra que comienza en mi interior y volver a centrarme, pero al mirar el baúl lo veo más desahogado y mis reservas de esa pequeña fuerza de voluntad que encontré en mi bolsillo se han terminado. Podría rebuscar entre mis cosas para ver si encuentro más, tiene que haber más por algún lado. Aunque probablemente las 23:57 no sea una buena hora para tratar de localizarla. Quizás debería preocuparme más por saber dónde está el sueño, ese que aún no me ha dado una respuesta, que sigue deliberando si debe hacerme compañía esta noche. Quizás sí.

Abro mi cama y termino de hacer alguna última cosa, sonrío al ver de nuevo acompañada a mi silla y me meto en la cama preguntándome si tendría que salir yo misma a por el sueño y obligarle a venir conmigo esa noche, aunque solo sea esa noche, ya que al día siguiente no necesitaré más de sus servicios, me planteo el buscarla por otros medios, como ese de contar ovejitas, aunque lo deshecho enseguida, siempre me preocupó demasiado el no perderme mientras las colocaba un número encima. Apago la luz y me alegro al encontrar ese sueño en mis párpados, parece sentirse a gusto sentado en ellos. Cierro los ojos lentamente, pero, poco antes de dormirme profundamente, termino preguntándome si... Suspiro. No, no me pregunto nada, solo quiero dormir...

2 comentarios:

  1. Menuda anécdota más tonta. Pero escribes tan bien, Marta, que me la he leído entera. ENTERA.

    ResponderEliminar
  2. Sé que es tontísima xD el caso es que tenía que escribir de algo FUESE COMO FUESE, me alegro de que te la leyeses entera :D

    ¡Muchas gracias, Laura! :DD

    ResponderEliminar