Como si de un niño pequeño, de esos que juegan al famoso teléfono escacharrado en su tiempo libre, se tratase, se dedica a susurrar al oído de la persona que ocupa un espacio a su lado lo que otro acaba de contarle, aunque quizás algo cambiado. Solo quizás.
Tampoco es que le importe si es cierto o no lo que dice, no se va ni a preocupar en contrastarlo, ni siquiera reflexionará sobre si es lo correcto o no. De todas formas, si lo piensas, lo que es correcto y lo que no lo es está bastante distorsionado en nuestra sociedad. Sea como sea, él simplemente se dedica a decirlo a su acompañante. El único problema es que lo que acaba de resonar en sus tímpanos no es suficientemente interesante como para crear una conversación larga y divertida sobre ello, seguramente no importe que se cambie un poco para que se pueda conversar durante muchas entretenidas horas.
Al lado de él, habita una chica rubia, que escucha con atención la historia que su compañero le cuenta en ese tono tan bajo, no es capaz de percibir algunas palabras, da igual, ya hará lo posible por descubrirlas, como si tiene que cambiar ciertos aspectos de lo ocurrido. No importa.
De esta forma, la historia termina por convertirse en una de esas famosas telenovelas sudamericanas en las que el enrevesamiento es extremo, la gente comenta algo que en realidad no ha ocurrido, puede que el que ha recibido la información en último lugar si que piense que eso ha sido así, el problema es que el que ha comenzado ese cotilleo no es capaz de negarlo mientras haya algo de lo que hablar o no quede él en ridículo.
La sociedad actual, o parte de ella, ha llegado a un punto de irrespeto y de lo que podríamos llegar a llamar degradación de una manera exagerada, baja autoestima de forma simple, que no le importaría vender a su mejor amigo, contar sus trapos sucios, si tiene algo, lo que sea, que consiga meterle dentro de ese grupo, que le haga no sentirse fuera. Así que, una vez que esa persona que te acompaña normalmente no está, una vez la gente va a su rollo y tu no sabes de qué hablar, lo primero que harás será comenzar la frase con ¿Sabías que... o Me he enterado de que..., unos segundos después, el rumor correrá por los alrededores, unos minutos más tarde, la gente empezará a murmurar mientras pasas, sin disimulo alguno, no les importará que escuches, pero más tarde aún, a las horas, todo el distrito conocerá lo que supuestamente ocurrió en tu vida aunque aún no sepa ni quién eres tú.
La verdad es que merecería la pena intentar descubrir que mueve la existencia de esas personas, cuáles son sus objetivos en la vida o qué les motiva. No obstante, lo más probable es que ese estudio terminase más pronto de lo esperado, una respuesta ocuparía el 100% de los labios de estas personas: Pff... Y yo qué sé. No tienen planes de futuro mayores que lo que hacer el viernes siguiente, por eso mismo se entretienen comentando la vida de todo el mundo, porque no saben de otra forma de divertirse, su mente es tan plana, tan llana, tan vacía de pensamientos coherentes, no porque no puedan, sino porque simplemente no se esfuerzan por hacerlo, porque no hay nada que les motive para intentar usar algo más el cerebro.
Sinceramente pienso que la gente debería quererse más, por lo menos lo suficiente como para no vender a esos que te tratan tan bien, esos que antes de enterarse de cosas que no deberían haber pasado te apreciaban tanto, lo suficiente como para mantenerse firme y no entrar al trapo en esas situaciones. No hace falta estar rodeado de gente en todo momento, pero si que es recomendable el respetar a los demás, y más aún el respetarse a sí mismo, ese es el primer paso.
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