lunes, 7 de marzo de 2011

Cisne Negro

El Lago de los Cisnes, el Cisne Blanco, el Cisne Negro. La incomodidad me acompañó durante toda la película, como si fuese mi sombra, atacándome y no permitiéndome alejarme de ella en ningún momento. La angustia se hizo su amiga no mucho más tarde y se aliaron para envolverme a la vez, consiguiendo una sensación que en algunos instantes me obligó a apartar la mirada de la pantalla para tratar de relajarme, eso sí, sin éxito.

Una obsesión es el tema principal, sí, pero una obsesión alimentada por su mundo, o al menos por el mundo que ella veía, que ella imaginaba, algo que en muchos momentos se hace difícil de distinguir. El viaje a los infiernos de una chica que desea la perfección, pero que a la vez se convierte en su propia enemiga no permitiéndose alcanzarla es el tema principal de la película. Es un largometraje de extremos, todos los personajes muestran lo peor de ellos, creo que no he logrado ver ninguno que mostrase algo bueno, exceptuando el principio de la protagonista, que ya mostraba su obsesión por no cometer fallos. Una vez ella se deja llevar por ese mundo no hay marcha atrás, está perdida y poco a poco irá descuidando su rumbo.

Te hacen testigo de cómo se corrompe una chica que, inicialmente, está controlada en extremo, por eso mismo, en el momento en el que la presión se apodera de ella y no tiene más remedio que convivir algo más de lo habitual con ese depravado mundo no lo soportan ni ella ni su salud mental, en el momento en el que trata de buscar una salida a su agobio, termina por romperse completamente cualquier atisbo de cordura que pudiera tener, consiguiendo que se convierta en una más de esa compañía tan extremadamente malvada que juguetea continuamente con el fino hilo que separa lo ilegal de lo moralmente incorrecto.

Todo está narrado de manera que consigue hacerte sentir Nina, el personaje protagonista, notas su angustia en cada momento. Creo que sé a lo que se debe, a una completa perfección uniendo lenguaje, imagen y actuaciones, entre las que destaco a Natalie Portman, está inmejorable. No me veo capaz de ver una escena en la que baje el ritmo, de hecho creo que se mejora por diapositivas, sin exagerar. Es más que difícil hacer que un espectador necesite dejar de mirar la pantalla para destensarse porque está cerca del infarto con un argumento tan aparentemente plano, del que no parece poder sacarse nada en claro, pero lo cierto es que no hay detalle alguno que se le escape ni escena a la que se le puedan poner pegas, todo es necesario e innecesario a la vez. Sí, habéis leido bien, necesario e innecesario, digo esto porque hay partes de la película que no son esenciales para seguir la trama, no obstante, sin ellas el grado de tensión habría bajado considerablemente.

El lenguaje, vale, una forma de hablar directa, sin rodeos ni adornos. No solamente debo decir que directa sino que también era bastante insultante e incómoda, logrando hacerte sentir fuera de lugar y, por qué no decirlo, bastante inquieta. No encontrarás metáforas, no encontrarás comparaciones, ni tampoco frases preciosas pero ininteligibles, por el contrario, te toparas con tacos y con palabras soeces en extremo, pero no te asustes, es parte de su plan. Y lo consiguen ¡Vaya si lo consiguen!

Todo es una obra maestra, una obra maestra que te deja la cabeza llena de dilemas, si poder reaccionar y con un nudo en la garganta, una obra maestra con la que necesitas unas cuantas horas para aclarar tus ideas, eso es lo que realmente es: Una obra maestra

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