Un mes y tres días, 2208 horas. No, no es que me haya dedicado a contar los segundos, es que he mejorado mucho con los números desde la última vez que nos vimos. Aunque, ahora que lo pienso, son 2232 horas, creo que este año fue bisiesto, sí, eso tengo entendido.
Parece que fue ayer cuando decidiste que estabas demasiado ocupado para enamorarte, yo sigo teniendo tu paraguas en la entrada, ese que me dejaste aquel día de lluvia en que nos conocimos. Comenzó a lloviznar de forma inesperada y me pilló desprevenida, tú, tan encantador como siempre, me ofreciste el tuyo. Hace escasos dos años de ello y sigue en mi memoria cada detalle, cada gesto. Tranquilo, no lo he estado reproduciendo en mi mente estos meses, es que ya sabes que tengo muy buena memoria.
No es que mi vida haya cambiado mucho en este tiempo, he estado trabajando, mucho. Supongo que recuerdas lo que me gusta lo que hago, pero ahora se ha convertido en algo imprescindible en mi vida, casi todo mi tiempo lo ocupa eso, al completo. Imagino que me lo pegaste, tanta perfección, tanta dedicación, eso se comía tus horas libres y ahora se come las mías. Tampoco las quiero para mucho, me gusta estar ocupada siempre que puedo, de esa forma mi mente es fácil de domar, guiarla por los recuerdos que debe tener y los que es mejor tirar a la papelera como si de un papel en desuso se tratase.
Sí, sé que sigo siendo igual de egocéntrica como antes, no paro de hablar de mi y de mis cosas, lo siento. Seguramente tengas mucho que contarme, a ti nunca te ha gustado estarte quieto, siempre en movimiento, decías. Suena irónico, pero parece que he necesitado que te vayas para adaptarme a algo que antes odiaba. Con lo que adoraba yo esos días de palomitas en el sofá, sin nada mejor que hacer que hablar o ver una película, ahora he de confesar que los detesto, no puedo con momentos de reflexión en los que mi mente, mis recuerdos y mis pensamientos terminan creando un remolino de ideas para nada deseables. Quizás fuese eso lo que te ocurría a ti antes, o a lo mejor es que simplemente el destino te hizo así, al igual que modeló lo nuestro de manera desigual y egoísta, dejándolo cuesta abajo en todo momento, sin salida posible.
Quizás debí preverlo. Sí, quizás sí, pero ya sabes que yo no sirvo para ser lógica, más bien me considero una soñadora sin remedio. ¿Para qué contártelo? Tú me conoces bien, a veces diría que en exceso. No sé si me asusta eso de tener un pequeño yo, que lo conoce todo de mí, pululando por Madrid. Vale, perdona, ya sabes que lo de ser graciosa no es lo mío, ese de los dos siempre fuiste tú.
Bueno, ya me estoy poniendo ñoña. Probablemente el tener una cuantas copas de más tiene que ver con este repentino arrebato que me ha hecho escribirte esto. No, no he cambiado de opinión en ese sentido, sigue sin gustarme el alcohol, pero esta noche he decidido darle una segunda oportunidad. Quién me ha visto y quién me ve ¿Eh?, yo, que en Nochevieja brindaba con agua porque no soporto el champán.
O a lo mejor es que hoy me has pillado en un día tonto, no es que esté nostálgica, solo tonta. Sea por lo que sea, aquí estoy, como una loca, escribiéndote este email a las dos de la mañana porque no puedo dormir y he cometido el tremendo error de reflexionar. Por eso y porque he pensado que, si no tenías nada mejor que hacer, podríamos volver a enamorarnos.
Pues nos equivocamos, me ha gustado.
ResponderEliminarPues eso me alegra a mi mucho, porque que te guste a ti es difícil. Muchas gracias :DD
ResponderEliminar