Un mes y tres días, 2208 horas. No, no es que me haya dedicado a contar los segundos, es que he mejorado mucho con los números desde la última vez que nos vimos. Aunque, ahora que lo pienso, son 2232 horas, creo que este año fue bisiesto, sí, eso tengo entendido.
Parece que fue ayer cuando decidiste que estabas demasiado ocupado para enamorarte, yo sigo teniendo tu paraguas en la entrada, ese que me dejaste aquel día de lluvia en que nos conocimos. Comenzó a lloviznar de forma inesperada y me pilló desprevenida, tú, tan encantador como siempre, me ofreciste el tuyo. Hace escasos dos años de ello y sigue en mi memoria cada detalle, cada gesto. Tranquilo, no lo he estado reproduciendo en mi mente estos meses, es que ya sabes que tengo muy buena memoria.
No es que mi vida haya cambiado mucho en este tiempo, he estado trabajando, mucho. Supongo que recuerdas lo que me gusta lo que hago, pero ahora se ha convertido en algo imprescindible en mi vida, casi todo mi tiempo lo ocupa eso, al completo. Imagino que me lo pegaste, tanta perfección, tanta dedicación, eso se comía tus horas libres y ahora se come las mías. Tampoco las quiero para mucho, me gusta estar ocupada siempre que puedo, de esa forma mi mente es fácil de domar, guiarla por los recuerdos que debe tener y los que es mejor tirar a la papelera como si de un papel en desuso se tratase.
Sí, sé que sigo siendo igual de egocéntrica como antes, no paro de hablar de mi y de mis cosas, lo siento. Seguramente tengas mucho que contarme, a ti nunca te ha gustado estarte quieto, siempre en movimiento, decías. Suena irónico, pero parece que he necesitado que te vayas para adaptarme a algo que antes odiaba. Con lo que adoraba yo esos días de palomitas en el sofá, sin nada mejor que hacer que hablar o ver una película, ahora he de confesar que los detesto, no puedo con momentos de reflexión en los que mi mente, mis recuerdos y mis pensamientos terminan creando un remolino de ideas para nada deseables. Quizás fuese eso lo que te ocurría a ti antes, o a lo mejor es que simplemente el destino te hizo así, al igual que modeló lo nuestro de manera desigual y egoísta, dejándolo cuesta abajo en todo momento, sin salida posible.
Quizás debí preverlo. Sí, quizás sí, pero ya sabes que yo no sirvo para ser lógica, más bien me considero una soñadora sin remedio. ¿Para qué contártelo? Tú me conoces bien, a veces diría que en exceso. No sé si me asusta eso de tener un pequeño yo, que lo conoce todo de mí, pululando por Madrid. Vale, perdona, ya sabes que lo de ser graciosa no es lo mío, ese de los dos siempre fuiste tú.
Bueno, ya me estoy poniendo ñoña. Probablemente el tener una cuantas copas de más tiene que ver con este repentino arrebato que me ha hecho escribirte esto. No, no he cambiado de opinión en ese sentido, sigue sin gustarme el alcohol, pero esta noche he decidido darle una segunda oportunidad. Quién me ha visto y quién me ve ¿Eh?, yo, que en Nochevieja brindaba con agua porque no soporto el champán.
O a lo mejor es que hoy me has pillado en un día tonto, no es que esté nostálgica, solo tonta. Sea por lo que sea, aquí estoy, como una loca, escribiéndote este email a las dos de la mañana porque no puedo dormir y he cometido el tremendo error de reflexionar. Por eso y porque he pensado que, si no tenías nada mejor que hacer, podríamos volver a enamorarnos.
lunes, 28 de marzo de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
¡Menuda panda de locos! (Relato kafkiano)
Era una tarde de verano a la 20:00, aproximadamente. Nos encontrábamos en Sevilla, como siempre hacemos una o dos semanas de esas calurosas vacaciones. No podían haber pasado más de 2 horas desde que bajamos del coche con las maletas arrastrando, no habíamos descansado en el cómodo patio de casa de mi abuela ni 60 de esos 120 minutos que tuvimos, pero resulta que se nos había antojado una tortilla de patatas y no había cebolla. Si hubiésemos sabido que eso se terminaría por convertir en una odisea que ni Ulises, probablemente hubiésemos encargado unas pizzas.
Para empezar, volvimos a entrar en ese ya tan familiar coche que nos acompañó durante 5 horas ese día. No se nos hizo complicado llegar al supermercado más cercano, lo difícil fue irse. La salida que cogíamos habitualmente estaba cerrada por obras, así que tuvimos que utilizar otra que nos llevaba en dirección contraria a donde debíamos ir. Dado que ese día nuestro sentido de la orientación se había despedido para descansar horas antes, nos perdimos. Lo primero que se nos ocurrió fue lo más normal, preguntar, preguntar a la gente que allí vivía y que suponíamos sabría guiarnos.
No se como lo hicieron, pero el primer andaluz logró que dejásemos de tener cualquier tipo de esperanza en volver a casa, seguramente tuvo que ver la forma en que daba las señas: "Sigues tó recto, luego giras pa´llá y vuelves al otro lao" "Pero para allá ¿Para dónde? ¿A la izquierda?" "Pa´llá, pa´llá, después una rotonda que sigues recto y allí está" "Eeeh... vale, muchas gracias" Tras una sonrisa que pusimos por simple educación (Y porque el pobre hombre lo había intentado, aunque sin éxito), decidimos no darle importancia y ver si otra persona podría explicárnoslo algo mejor. Ilusas nosotras, paramos a otra andaluza, haciéndola perder su tiempo en vano "Sí, sí, una vez llegas a ese puente de allí y ves una cosa al lado, te vas hacia ese lado y una cuantas calles más allá, te vas para el otro" "Vale, vamos a ver, entonces llego al puente y giro a la derecha ¿no?" "Bueno, giras para el lado cuando veas esa cosa" "¿Qué cosa?" "¡La que verás allí! Después del puente" "Ajá... vale, vale. Gracias" Tras esto comenzamos a desesperarnos, pero seguimos siendo tan inocentes como para preguntar a un tercero "Ah, claro, allí voy yo en fiestas. Pues mira, llegas a esa rotonda y vas por una salida de ese lado, verás todo recto sin calles, pues te metes cuando veas una" "¿La primera que vea?" "La primera que veas de ese lado" "Ah, vale, bueno ya allí vuelvo a preguntar. Gracias" "De acuerdo, de nada" No sabíamos que teníamos que hacer, seguíamos igual que antes, pero decidimos ir a la aventura según las pocas pistas que nos habían dado las tres personas a las que habíamos preguntado.
Tras 45 largos y frustrantes minutos, pensamos que sería lo mejor llamar a casa para no preocupar a mi abuela, que decidió quedarse porque solo estaríamos fuera cinco escasos minutos, lo que tardáramos en ir al supermercado y volver. Pues eso, cinco minutos. El caso es que cogí mi movil y marqué, no sé en que momento me confundí, no tengo la más mínima idea, pero alguno de esos números decidió cambiarse de sitio y me lo cogió un ser desconocido "¿Sí? Dígame" "Esto..., perdón, creo que me he confundido, no estará allí María ¿no?" "María ¿La que pinta?" "Sí, sí, esa misma" "Pues no, no sé, no conozco a ninguna María" "Ah, vale, pues lo siento, adiós" "Adiós" El móvil continuó durante unos segundos en mi oreja, mientras tanto yo me dedicaba a reírme como si no existiese un mañana, a la misma vez mi madre me observaba algo asustada y sin entender nada, exactamente igual que como estaba yo en ese instante.
Para fortuna nuestra, localizamos a unos hombres que lograron encadenar dos palabras seguidas sin utilizar los comodines cosa, allá, ese lado u otro lado. Nos guiamos gracias a sus señas y llegamos a un lugar conocido que nos permitió seguir el camino hacia la preciosa puerta que se convertiría en nuestra salvación. Una vez allí, respiramos hondo y decidimos disfrutar de la tortilla como nunca, bien lo merecía después del viajecito que nos dimos por ella, por lo menos valió la pena y la comida salió rica.
Esa noche me fui a dormir relativamente pronto, pensando que el día siguiente sería mejor, no se me ocurría nada más surrealista que eso que me había ocurrido hoy. Parece que los vecinos me oyeron y decidieron superarlo, ya que no tardé mucho en escuchar una conocida canción que venía del piso de arriba, pero no les valió con cantar a Paulina Rubio (Seguiría siendo insoportable, pero algo más lógico), sino que se atrevieron a volver a su infancia: "Soy una taza, una tetera, una cuchara y un cucharón...". Media hora después, me encontraba con la almohada tapándome las orejas e intentando no escuchar más las voces de los habitantes del piso de arriba, que aparentaban no saberse más que esa musiquilla para niños pequeños, miré el reloj. Las 00.30, bravo, lograron superar el resto del día, se presentó como algo imposible, pero es que si te lo propones... ¡Menuda panda de locos!
Para empezar, volvimos a entrar en ese ya tan familiar coche que nos acompañó durante 5 horas ese día. No se nos hizo complicado llegar al supermercado más cercano, lo difícil fue irse. La salida que cogíamos habitualmente estaba cerrada por obras, así que tuvimos que utilizar otra que nos llevaba en dirección contraria a donde debíamos ir. Dado que ese día nuestro sentido de la orientación se había despedido para descansar horas antes, nos perdimos. Lo primero que se nos ocurrió fue lo más normal, preguntar, preguntar a la gente que allí vivía y que suponíamos sabría guiarnos.
No se como lo hicieron, pero el primer andaluz logró que dejásemos de tener cualquier tipo de esperanza en volver a casa, seguramente tuvo que ver la forma en que daba las señas: "Sigues tó recto, luego giras pa´llá y vuelves al otro lao" "Pero para allá ¿Para dónde? ¿A la izquierda?" "Pa´llá, pa´llá, después una rotonda que sigues recto y allí está" "Eeeh... vale, muchas gracias" Tras una sonrisa que pusimos por simple educación (Y porque el pobre hombre lo había intentado, aunque sin éxito), decidimos no darle importancia y ver si otra persona podría explicárnoslo algo mejor. Ilusas nosotras, paramos a otra andaluza, haciéndola perder su tiempo en vano "Sí, sí, una vez llegas a ese puente de allí y ves una cosa al lado, te vas hacia ese lado y una cuantas calles más allá, te vas para el otro" "Vale, vamos a ver, entonces llego al puente y giro a la derecha ¿no?" "Bueno, giras para el lado cuando veas esa cosa" "¿Qué cosa?" "¡La que verás allí! Después del puente" "Ajá... vale, vale. Gracias" Tras esto comenzamos a desesperarnos, pero seguimos siendo tan inocentes como para preguntar a un tercero "Ah, claro, allí voy yo en fiestas. Pues mira, llegas a esa rotonda y vas por una salida de ese lado, verás todo recto sin calles, pues te metes cuando veas una" "¿La primera que vea?" "La primera que veas de ese lado" "Ah, vale, bueno ya allí vuelvo a preguntar. Gracias" "De acuerdo, de nada" No sabíamos que teníamos que hacer, seguíamos igual que antes, pero decidimos ir a la aventura según las pocas pistas que nos habían dado las tres personas a las que habíamos preguntado.
Tras 45 largos y frustrantes minutos, pensamos que sería lo mejor llamar a casa para no preocupar a mi abuela, que decidió quedarse porque solo estaríamos fuera cinco escasos minutos, lo que tardáramos en ir al supermercado y volver. Pues eso, cinco minutos. El caso es que cogí mi movil y marqué, no sé en que momento me confundí, no tengo la más mínima idea, pero alguno de esos números decidió cambiarse de sitio y me lo cogió un ser desconocido "¿Sí? Dígame" "Esto..., perdón, creo que me he confundido, no estará allí María ¿no?" "María ¿La que pinta?" "Sí, sí, esa misma" "Pues no, no sé, no conozco a ninguna María" "Ah, vale, pues lo siento, adiós" "Adiós" El móvil continuó durante unos segundos en mi oreja, mientras tanto yo me dedicaba a reírme como si no existiese un mañana, a la misma vez mi madre me observaba algo asustada y sin entender nada, exactamente igual que como estaba yo en ese instante.
Para fortuna nuestra, localizamos a unos hombres que lograron encadenar dos palabras seguidas sin utilizar los comodines cosa, allá, ese lado u otro lado. Nos guiamos gracias a sus señas y llegamos a un lugar conocido que nos permitió seguir el camino hacia la preciosa puerta que se convertiría en nuestra salvación. Una vez allí, respiramos hondo y decidimos disfrutar de la tortilla como nunca, bien lo merecía después del viajecito que nos dimos por ella, por lo menos valió la pena y la comida salió rica.
Esa noche me fui a dormir relativamente pronto, pensando que el día siguiente sería mejor, no se me ocurría nada más surrealista que eso que me había ocurrido hoy. Parece que los vecinos me oyeron y decidieron superarlo, ya que no tardé mucho en escuchar una conocida canción que venía del piso de arriba, pero no les valió con cantar a Paulina Rubio (Seguiría siendo insoportable, pero algo más lógico), sino que se atrevieron a volver a su infancia: "Soy una taza, una tetera, una cuchara y un cucharón...". Media hora después, me encontraba con la almohada tapándome las orejas e intentando no escuchar más las voces de los habitantes del piso de arriba, que aparentaban no saberse más que esa musiquilla para niños pequeños, miré el reloj. Las 00.30, bravo, lograron superar el resto del día, se presentó como algo imposible, pero es que si te lo propones... ¡Menuda panda de locos!
lunes, 21 de marzo de 2011
Habladurías, habladurías.
Como si de un niño pequeño, de esos que juegan al famoso teléfono escacharrado en su tiempo libre, se tratase, se dedica a susurrar al oído de la persona que ocupa un espacio a su lado lo que otro acaba de contarle, aunque quizás algo cambiado. Solo quizás.
Tampoco es que le importe si es cierto o no lo que dice, no se va ni a preocupar en contrastarlo, ni siquiera reflexionará sobre si es lo correcto o no. De todas formas, si lo piensas, lo que es correcto y lo que no lo es está bastante distorsionado en nuestra sociedad. Sea como sea, él simplemente se dedica a decirlo a su acompañante. El único problema es que lo que acaba de resonar en sus tímpanos no es suficientemente interesante como para crear una conversación larga y divertida sobre ello, seguramente no importe que se cambie un poco para que se pueda conversar durante muchas entretenidas horas.
Al lado de él, habita una chica rubia, que escucha con atención la historia que su compañero le cuenta en ese tono tan bajo, no es capaz de percibir algunas palabras, da igual, ya hará lo posible por descubrirlas, como si tiene que cambiar ciertos aspectos de lo ocurrido. No importa.
De esta forma, la historia termina por convertirse en una de esas famosas telenovelas sudamericanas en las que el enrevesamiento es extremo, la gente comenta algo que en realidad no ha ocurrido, puede que el que ha recibido la información en último lugar si que piense que eso ha sido así, el problema es que el que ha comenzado ese cotilleo no es capaz de negarlo mientras haya algo de lo que hablar o no quede él en ridículo.
La sociedad actual, o parte de ella, ha llegado a un punto de irrespeto y de lo que podríamos llegar a llamar degradación de una manera exagerada, baja autoestima de forma simple, que no le importaría vender a su mejor amigo, contar sus trapos sucios, si tiene algo, lo que sea, que consiga meterle dentro de ese grupo, que le haga no sentirse fuera. Así que, una vez que esa persona que te acompaña normalmente no está, una vez la gente va a su rollo y tu no sabes de qué hablar, lo primero que harás será comenzar la frase con ¿Sabías que... o Me he enterado de que..., unos segundos después, el rumor correrá por los alrededores, unos minutos más tarde, la gente empezará a murmurar mientras pasas, sin disimulo alguno, no les importará que escuches, pero más tarde aún, a las horas, todo el distrito conocerá lo que supuestamente ocurrió en tu vida aunque aún no sepa ni quién eres tú.
La verdad es que merecería la pena intentar descubrir que mueve la existencia de esas personas, cuáles son sus objetivos en la vida o qué les motiva. No obstante, lo más probable es que ese estudio terminase más pronto de lo esperado, una respuesta ocuparía el 100% de los labios de estas personas: Pff... Y yo qué sé. No tienen planes de futuro mayores que lo que hacer el viernes siguiente, por eso mismo se entretienen comentando la vida de todo el mundo, porque no saben de otra forma de divertirse, su mente es tan plana, tan llana, tan vacía de pensamientos coherentes, no porque no puedan, sino porque simplemente no se esfuerzan por hacerlo, porque no hay nada que les motive para intentar usar algo más el cerebro.
Sinceramente pienso que la gente debería quererse más, por lo menos lo suficiente como para no vender a esos que te tratan tan bien, esos que antes de enterarse de cosas que no deberían haber pasado te apreciaban tanto, lo suficiente como para mantenerse firme y no entrar al trapo en esas situaciones. No hace falta estar rodeado de gente en todo momento, pero si que es recomendable el respetar a los demás, y más aún el respetarse a sí mismo, ese es el primer paso.
Tampoco es que le importe si es cierto o no lo que dice, no se va ni a preocupar en contrastarlo, ni siquiera reflexionará sobre si es lo correcto o no. De todas formas, si lo piensas, lo que es correcto y lo que no lo es está bastante distorsionado en nuestra sociedad. Sea como sea, él simplemente se dedica a decirlo a su acompañante. El único problema es que lo que acaba de resonar en sus tímpanos no es suficientemente interesante como para crear una conversación larga y divertida sobre ello, seguramente no importe que se cambie un poco para que se pueda conversar durante muchas entretenidas horas.
Al lado de él, habita una chica rubia, que escucha con atención la historia que su compañero le cuenta en ese tono tan bajo, no es capaz de percibir algunas palabras, da igual, ya hará lo posible por descubrirlas, como si tiene que cambiar ciertos aspectos de lo ocurrido. No importa.
De esta forma, la historia termina por convertirse en una de esas famosas telenovelas sudamericanas en las que el enrevesamiento es extremo, la gente comenta algo que en realidad no ha ocurrido, puede que el que ha recibido la información en último lugar si que piense que eso ha sido así, el problema es que el que ha comenzado ese cotilleo no es capaz de negarlo mientras haya algo de lo que hablar o no quede él en ridículo.
La sociedad actual, o parte de ella, ha llegado a un punto de irrespeto y de lo que podríamos llegar a llamar degradación de una manera exagerada, baja autoestima de forma simple, que no le importaría vender a su mejor amigo, contar sus trapos sucios, si tiene algo, lo que sea, que consiga meterle dentro de ese grupo, que le haga no sentirse fuera. Así que, una vez que esa persona que te acompaña normalmente no está, una vez la gente va a su rollo y tu no sabes de qué hablar, lo primero que harás será comenzar la frase con ¿Sabías que... o Me he enterado de que..., unos segundos después, el rumor correrá por los alrededores, unos minutos más tarde, la gente empezará a murmurar mientras pasas, sin disimulo alguno, no les importará que escuches, pero más tarde aún, a las horas, todo el distrito conocerá lo que supuestamente ocurrió en tu vida aunque aún no sepa ni quién eres tú.
La verdad es que merecería la pena intentar descubrir que mueve la existencia de esas personas, cuáles son sus objetivos en la vida o qué les motiva. No obstante, lo más probable es que ese estudio terminase más pronto de lo esperado, una respuesta ocuparía el 100% de los labios de estas personas: Pff... Y yo qué sé. No tienen planes de futuro mayores que lo que hacer el viernes siguiente, por eso mismo se entretienen comentando la vida de todo el mundo, porque no saben de otra forma de divertirse, su mente es tan plana, tan llana, tan vacía de pensamientos coherentes, no porque no puedan, sino porque simplemente no se esfuerzan por hacerlo, porque no hay nada que les motive para intentar usar algo más el cerebro.
Sinceramente pienso que la gente debería quererse más, por lo menos lo suficiente como para no vender a esos que te tratan tan bien, esos que antes de enterarse de cosas que no deberían haber pasado te apreciaban tanto, lo suficiente como para mantenerse firme y no entrar al trapo en esas situaciones. No hace falta estar rodeado de gente en todo momento, pero si que es recomendable el respetar a los demás, y más aún el respetarse a sí mismo, ese es el primer paso.
miércoles, 16 de marzo de 2011
La vida misma
Qué difícil es la convivencia...
-Hola- Sonríe mientras camina al interior de la casa
-¡Ey!- Sigue atento a su pantalla, o más bien al videojuego que hay en ella
-¿Qué tal el día?
-Ptsé...- Se encoje de hombros mientras sus neuronas se concentran al cien por cien en ese coche que no hace más que destrozar la gran ciudad.
-¿Ptsé? ¿Cómo que ptsé?- Se lo toma con humor y comienza a reírse, pero no desiste y continúa intentando que utilice su cerebro para otras cosas- Entonces todo bien ¿no?
-Séh
-¿Qué significa "séh"?- No tiene ninguna duda de lo que significa, pero es que ella conseguirá sacar algo en claro de esa conversación sea como sea.
-Pues eso- ¿Por qué pregunta tanto? Voy a perder la partida...
- Creo que voy a cambiarme y a preparar algo rápido de cena.
- Ajá...
- No te apetece nada especial ¿No?- ¿Para qué pregunto? ¡Si quiere algo especial que se lo prepare él mismo!
-Especial...- Ni siquiera sé lo que me acaba de decir, solo he entendido lo de "algo especial"...
-Sí, especial... ¿Me estás escuchando?
-Ajá..
-¿¡No puedes darle al pause un segundo!? Es bastante frustrante hablar con alguien que ni me mira a la cara
-La cara...
-¡Por favor! ¡Un poco de atención por aquí...!
-Espera, que estoy a punto de ganar la carrera- Vuelve a dejar de atender al mundo exterior y se mete en su burbuja, él, la consola y la pantalla son los únicos supervivientes del planeta- Vamos... Vamos...
- Bueno, mira, si quieres algo especial te levantas y te lo haces tu mismo
- Sí, cariño, yo también te quiero- Lo dice en serio, no ha escuchado una palabra de lo que le ha dicho y eso es una repuesta recurrente.
- Pero ¡¿Qué dices?! ¡Buah! ¿Sábes qué? Cuando quieras hablar y dejes la máquina esta de una vez, vienes- Le mira y le ve asentir, se da cuenta de que no está escuchándola y termina por desesperarse del todo- No sé para qué digo nada si ahora mismo toda tu atención está en ese jueguecito...- Se va, enfadada, a la misma vez que pronuncia esa frase, se pierde por el pasillo marcando fuertemente el paso con los tacones- Parece que su pareja es la maquinita y no yo, tio...
- ¡Vale...!-Sigue a lo suyo, solo que esta vez y tras el portazo que ella da al entrar en la habitación, termina por descentrarse y no presta atención al videojuego por primera vez- ¡Mierda! Ya he perdido, ¡En el último momento!
...Y qué complicadas son las relaciones humanas. Nada más que añadir.
-Hola- Sonríe mientras camina al interior de la casa
-¡Ey!- Sigue atento a su pantalla, o más bien al videojuego que hay en ella
-¿Qué tal el día?
-Ptsé...- Se encoje de hombros mientras sus neuronas se concentran al cien por cien en ese coche que no hace más que destrozar la gran ciudad.
-¿Ptsé? ¿Cómo que ptsé?- Se lo toma con humor y comienza a reírse, pero no desiste y continúa intentando que utilice su cerebro para otras cosas- Entonces todo bien ¿no?
-Séh
-¿Qué significa "séh"?- No tiene ninguna duda de lo que significa, pero es que ella conseguirá sacar algo en claro de esa conversación sea como sea.
-Pues eso- ¿Por qué pregunta tanto? Voy a perder la partida...
- Creo que voy a cambiarme y a preparar algo rápido de cena.
- Ajá...
- No te apetece nada especial ¿No?- ¿Para qué pregunto? ¡Si quiere algo especial que se lo prepare él mismo!
-Especial...- Ni siquiera sé lo que me acaba de decir, solo he entendido lo de "algo especial"...
-Sí, especial... ¿Me estás escuchando?
-Ajá..
-¿¡No puedes darle al pause un segundo!? Es bastante frustrante hablar con alguien que ni me mira a la cara
-La cara...
-¡Por favor! ¡Un poco de atención por aquí...!
-Espera, que estoy a punto de ganar la carrera- Vuelve a dejar de atender al mundo exterior y se mete en su burbuja, él, la consola y la pantalla son los únicos supervivientes del planeta- Vamos... Vamos...
- Bueno, mira, si quieres algo especial te levantas y te lo haces tu mismo
- Sí, cariño, yo también te quiero- Lo dice en serio, no ha escuchado una palabra de lo que le ha dicho y eso es una repuesta recurrente.
- Pero ¡¿Qué dices?! ¡Buah! ¿Sábes qué? Cuando quieras hablar y dejes la máquina esta de una vez, vienes- Le mira y le ve asentir, se da cuenta de que no está escuchándola y termina por desesperarse del todo- No sé para qué digo nada si ahora mismo toda tu atención está en ese jueguecito...- Se va, enfadada, a la misma vez que pronuncia esa frase, se pierde por el pasillo marcando fuertemente el paso con los tacones- Parece que su pareja es la maquinita y no yo, tio...
- ¡Vale...!-Sigue a lo suyo, solo que esta vez y tras el portazo que ella da al entrar en la habitación, termina por descentrarse y no presta atención al videojuego por primera vez- ¡Mierda! Ya he perdido, ¡En el último momento!
...Y qué complicadas son las relaciones humanas. Nada más que añadir.
domingo, 13 de marzo de 2011
¿Y qué cuento yo ahora?
Tras tres días reflexionando, después de tres mañanas en las que mi cabeza ha sido puesta patas arriba, quedándose desordenada y sin idea de como debería recolocarse, sigo sin saber qué tema será el siguiente. Y aquí me encuentro, escribiéndolo en una entrada, intentando que ocupe algo más que estas tres líneas.
Espero que este repentino enfado con las musas sea cosa de unos pocos días, horas si es elegible, pero mientras sigan molestas conmigo por yo qué sé qué deberé valerme por los restos que dejaron en mi mente para escribir algo más. Parece ser que la imaginación, por su parte, continúa sin preguntarle a nadie si se la necesita y me asalta cuando le apetece, dejándome más frustrada todavía en el momento en que mi pantalla es testigo de esos pequeños textos inextensibles que ocupan poco más de cuatro líneas, por lo que no están preparados para ser colgados aquí.
Probablemente debería de disculparme con ellas, eso si supiese por qué, lo que si es verdad es que, si bien su enfado lleva ahí, aunque latente, pero ahí, unos cuantos meses, esta vez su furia se ha desatado y se han declarado en huelga como si de unos controladores aéreos cualquiera se trataran, dejándome a mi desvalida y sin forma alguna de crear algo medianamente decente. A la vista está ¡Qué esto es muy mejorable!
Tendré que mantenerme tranquila y contar hasta cien en el momento en el que nos reunamos para llegar a un acuerdo con ellas, porque así desde luego no puedo seguir, en un instante me asaltan títulos, si que tengo temas en mente, por supuesto que sí, el problema es no poder desarrollarlos ni saber cuando tendré potestad para hacerlo, no son míos, no son de mi propiedad y no puedo robárselos a mis ayudantes sin preguntar antes. El otro día no dudé en hacerlo, me acerqué relajada y sin tensión para después pedírselo de buenas maneras, la dificultad comenzó cuando me lo negaron, de forma tajante me dijeron que no. Ni una letra más, ni una palabra, ni una frase explicándose, simplemente no.
Sigo dándole vueltas a la cabeza, analizando mis movimientos y gestos, mis respuestas y preguntas, sus posibles exiguas ayudas, pero nada, todo sigue igual, no comprendo que he hecho ni entiendo el por qué de esto que ocurre. Al menos parece que la tormenta ha pasado levemente y me han permitido salir del paso y escribir este pequeño texto, no obstante es lo suficientemente largo como para ser premiado con una publicación. Aparentemente tienen un corazón lo bastante grande como para no dejarme a la deriva por completo, continúo en una reducida tabla de madera que comienza a romperse en pedazos, sin embargo esta vez los tiburones que la rodeaban han desaparecido y mis lecciones de natación, presumiblemente mas que suficientes, dan sus frutos.
Aunque probablemente lo que ocurra es que me encuentro en el ojo del huracán, un lugar más o menos calmado en comparación con lo que le rodea, pero significaría que se avecina lo peor, una sequía completa de ideas mientras llueve sobre mi y los vientos me arrastran de un lado a otro, sin destino final aparente. Suplico que eso no ocurra pues no puedo permitírmelo, por eso mismo espero poder reunirme con ellas pronto y llegar a un acuerdo. Comenzaré colocando mi cabeza como estaba antes de la masacre, las ideas por allí, la imaginación por allá... Parece sencillo, no obstante esto es solo el comienzo.
Espero que este repentino enfado con las musas sea cosa de unos pocos días, horas si es elegible, pero mientras sigan molestas conmigo por yo qué sé qué deberé valerme por los restos que dejaron en mi mente para escribir algo más. Parece ser que la imaginación, por su parte, continúa sin preguntarle a nadie si se la necesita y me asalta cuando le apetece, dejándome más frustrada todavía en el momento en que mi pantalla es testigo de esos pequeños textos inextensibles que ocupan poco más de cuatro líneas, por lo que no están preparados para ser colgados aquí.
Probablemente debería de disculparme con ellas, eso si supiese por qué, lo que si es verdad es que, si bien su enfado lleva ahí, aunque latente, pero ahí, unos cuantos meses, esta vez su furia se ha desatado y se han declarado en huelga como si de unos controladores aéreos cualquiera se trataran, dejándome a mi desvalida y sin forma alguna de crear algo medianamente decente. A la vista está ¡Qué esto es muy mejorable!
Tendré que mantenerme tranquila y contar hasta cien en el momento en el que nos reunamos para llegar a un acuerdo con ellas, porque así desde luego no puedo seguir, en un instante me asaltan títulos, si que tengo temas en mente, por supuesto que sí, el problema es no poder desarrollarlos ni saber cuando tendré potestad para hacerlo, no son míos, no son de mi propiedad y no puedo robárselos a mis ayudantes sin preguntar antes. El otro día no dudé en hacerlo, me acerqué relajada y sin tensión para después pedírselo de buenas maneras, la dificultad comenzó cuando me lo negaron, de forma tajante me dijeron que no. Ni una letra más, ni una palabra, ni una frase explicándose, simplemente no.
Sigo dándole vueltas a la cabeza, analizando mis movimientos y gestos, mis respuestas y preguntas, sus posibles exiguas ayudas, pero nada, todo sigue igual, no comprendo que he hecho ni entiendo el por qué de esto que ocurre. Al menos parece que la tormenta ha pasado levemente y me han permitido salir del paso y escribir este pequeño texto, no obstante es lo suficientemente largo como para ser premiado con una publicación. Aparentemente tienen un corazón lo bastante grande como para no dejarme a la deriva por completo, continúo en una reducida tabla de madera que comienza a romperse en pedazos, sin embargo esta vez los tiburones que la rodeaban han desaparecido y mis lecciones de natación, presumiblemente mas que suficientes, dan sus frutos.
Aunque probablemente lo que ocurra es que me encuentro en el ojo del huracán, un lugar más o menos calmado en comparación con lo que le rodea, pero significaría que se avecina lo peor, una sequía completa de ideas mientras llueve sobre mi y los vientos me arrastran de un lado a otro, sin destino final aparente. Suplico que eso no ocurra pues no puedo permitírmelo, por eso mismo espero poder reunirme con ellas pronto y llegar a un acuerdo. Comenzaré colocando mi cabeza como estaba antes de la masacre, las ideas por allí, la imaginación por allá... Parece sencillo, no obstante esto es solo el comienzo.
martes, 8 de marzo de 2011
Basado en hechos reales
Salgo del baño, tras terminar de recogerme el pelo, sin prisa alguna, son las 23:45 y el sueño aún no ha decidido si quiere llevarse bien conmigo o, por el contrario, pasar de mi esta noche. Daré la segunda por respuesta si sigue dudoso en media hora. Entro en mi habitación y no puedo evitar pararme nada más observar como el mismísimo "Rastro" se ha instalado en ella. Tres pantalones en la cama, otros tres más enfrente de esta, mi silla y los abrigos parecen tener una estrecha relación y los papeles de mi mesa se multiplican por segundos. Dios mio, que desastre, a lo mejor debería recoger un poco. Las palabras "a lo mejor" siguen resonando en mi mente un rato más, finalmente las obvio. Cosa rara en mi.
Comienzo por la cama y decido escoger uno de esos tres pantalones como mi atuendo para la mañana siguiente, el resto lo tiro en el baúl que sostiene los otros tres pantalones. Eso ya lo recojo lo último. Comienzo a romper relaciones, vuelvo a ocupar mi cama, esta vez con el abrigo. Esto parece la pescadilla que se muerde la cola, bueno, primero elige lo de mañana. Eso hago, escojo una chaqueta, elijo una camiseta y cojo uno de los abrigos. Y ¿El resto? ¿Todo esto sobra? Pff...
Parece interminable. Sí, parece, porque al mirar el reloj descubro que son las 23:47, solo llevo dos minutos tratando de solucionar este desastre. Abro el cajón en busca de un poco de fuerza de voluntad, pero parece que hoy pierdo todo lo que necesito y no se dónde puedo haberla metido. Observo la silla vacía, sin compañía, sin ese familiar cercano en el que ya se han convertido todas las prendas para el frío que allí colocaba. Me giro al baúl, está agobiado por todos los desconocidos que han aparecido de repente en su vida y hoy no se siente excesivamente sociable. Suspiro mientras meto las manos en los bolsillos de mi pijama, siento que estoy tocando algo desconocido ¡Vaya! Aquí estaba la fuerza de voluntad.
Decido utilizarla para acercarme a mi armario y coger una percha, prefiero no obligar a mi baúl a hacer amigos con alguien si tiene un mal día, así que coloco en la suertuda percha que he cogido al azar de entre todas las de mi armario el abrigo más pesado de todos los que tengo, encima. Vale, Marta, parece que vamos avanzando, por fin. Miro el reloj de nuevo, 23:54. Bueno, al menos parece que esta vez no solo se me ha hecho largo, sino que me ha cundido algo. Sé sincera contigo misma, Marta, en realidad solo has colgado un abrigo. Mi cabeza decide funcionar en mi contra y empieza a hablarme, mientras tanto mi otra mitad, como si del doctor Jekyll y mister Hyde me tratase, le contesta de forma no muy agradable a esa pesimista parte de mi que raramente sale. Pues sí ¿Y qué? Algún abrigo tendrá que ser el primero ¿No crees?
Intentó parar la guerra que comienza en mi interior y volver a centrarme, pero al mirar el baúl lo veo más desahogado y mis reservas de esa pequeña fuerza de voluntad que encontré en mi bolsillo se han terminado. Podría rebuscar entre mis cosas para ver si encuentro más, tiene que haber más por algún lado. Aunque probablemente las 23:57 no sea una buena hora para tratar de localizarla. Quizás debería preocuparme más por saber dónde está el sueño, ese que aún no me ha dado una respuesta, que sigue deliberando si debe hacerme compañía esta noche. Quizás sí.
Abro mi cama y termino de hacer alguna última cosa, sonrío al ver de nuevo acompañada a mi silla y me meto en la cama preguntándome si tendría que salir yo misma a por el sueño y obligarle a venir conmigo esa noche, aunque solo sea esa noche, ya que al día siguiente no necesitaré más de sus servicios, me planteo el buscarla por otros medios, como ese de contar ovejitas, aunque lo deshecho enseguida, siempre me preocupó demasiado el no perderme mientras las colocaba un número encima. Apago la luz y me alegro al encontrar ese sueño en mis párpados, parece sentirse a gusto sentado en ellos. Cierro los ojos lentamente, pero, poco antes de dormirme profundamente, termino preguntándome si... Suspiro. No, no me pregunto nada, solo quiero dormir...
Comienzo por la cama y decido escoger uno de esos tres pantalones como mi atuendo para la mañana siguiente, el resto lo tiro en el baúl que sostiene los otros tres pantalones. Eso ya lo recojo lo último. Comienzo a romper relaciones, vuelvo a ocupar mi cama, esta vez con el abrigo. Esto parece la pescadilla que se muerde la cola, bueno, primero elige lo de mañana. Eso hago, escojo una chaqueta, elijo una camiseta y cojo uno de los abrigos. Y ¿El resto? ¿Todo esto sobra? Pff...
Parece interminable. Sí, parece, porque al mirar el reloj descubro que son las 23:47, solo llevo dos minutos tratando de solucionar este desastre. Abro el cajón en busca de un poco de fuerza de voluntad, pero parece que hoy pierdo todo lo que necesito y no se dónde puedo haberla metido. Observo la silla vacía, sin compañía, sin ese familiar cercano en el que ya se han convertido todas las prendas para el frío que allí colocaba. Me giro al baúl, está agobiado por todos los desconocidos que han aparecido de repente en su vida y hoy no se siente excesivamente sociable. Suspiro mientras meto las manos en los bolsillos de mi pijama, siento que estoy tocando algo desconocido ¡Vaya! Aquí estaba la fuerza de voluntad.
Decido utilizarla para acercarme a mi armario y coger una percha, prefiero no obligar a mi baúl a hacer amigos con alguien si tiene un mal día, así que coloco en la suertuda percha que he cogido al azar de entre todas las de mi armario el abrigo más pesado de todos los que tengo, encima. Vale, Marta, parece que vamos avanzando, por fin. Miro el reloj de nuevo, 23:54. Bueno, al menos parece que esta vez no solo se me ha hecho largo, sino que me ha cundido algo. Sé sincera contigo misma, Marta, en realidad solo has colgado un abrigo. Mi cabeza decide funcionar en mi contra y empieza a hablarme, mientras tanto mi otra mitad, como si del doctor Jekyll y mister Hyde me tratase, le contesta de forma no muy agradable a esa pesimista parte de mi que raramente sale. Pues sí ¿Y qué? Algún abrigo tendrá que ser el primero ¿No crees?
Intentó parar la guerra que comienza en mi interior y volver a centrarme, pero al mirar el baúl lo veo más desahogado y mis reservas de esa pequeña fuerza de voluntad que encontré en mi bolsillo se han terminado. Podría rebuscar entre mis cosas para ver si encuentro más, tiene que haber más por algún lado. Aunque probablemente las 23:57 no sea una buena hora para tratar de localizarla. Quizás debería preocuparme más por saber dónde está el sueño, ese que aún no me ha dado una respuesta, que sigue deliberando si debe hacerme compañía esta noche. Quizás sí.
Abro mi cama y termino de hacer alguna última cosa, sonrío al ver de nuevo acompañada a mi silla y me meto en la cama preguntándome si tendría que salir yo misma a por el sueño y obligarle a venir conmigo esa noche, aunque solo sea esa noche, ya que al día siguiente no necesitaré más de sus servicios, me planteo el buscarla por otros medios, como ese de contar ovejitas, aunque lo deshecho enseguida, siempre me preocupó demasiado el no perderme mientras las colocaba un número encima. Apago la luz y me alegro al encontrar ese sueño en mis párpados, parece sentirse a gusto sentado en ellos. Cierro los ojos lentamente, pero, poco antes de dormirme profundamente, termino preguntándome si... Suspiro. No, no me pregunto nada, solo quiero dormir...
lunes, 7 de marzo de 2011
Cisne Negro
El Lago de los Cisnes, el Cisne Blanco, el Cisne Negro. La incomodidad me acompañó durante toda la película, como si fuese mi sombra, atacándome y no permitiéndome alejarme de ella en ningún momento. La angustia se hizo su amiga no mucho más tarde y se aliaron para envolverme a la vez, consiguiendo una sensación que en algunos instantes me obligó a apartar la mirada de la pantalla para tratar de relajarme, eso sí, sin éxito.
Una obsesión es el tema principal, sí, pero una obsesión alimentada por su mundo, o al menos por el mundo que ella veía, que ella imaginaba, algo que en muchos momentos se hace difícil de distinguir. El viaje a los infiernos de una chica que desea la perfección, pero que a la vez se convierte en su propia enemiga no permitiéndose alcanzarla es el tema principal de la película. Es un largometraje de extremos, todos los personajes muestran lo peor de ellos, creo que no he logrado ver ninguno que mostrase algo bueno, exceptuando el principio de la protagonista, que ya mostraba su obsesión por no cometer fallos. Una vez ella se deja llevar por ese mundo no hay marcha atrás, está perdida y poco a poco irá descuidando su rumbo.
Te hacen testigo de cómo se corrompe una chica que, inicialmente, está controlada en extremo, por eso mismo, en el momento en el que la presión se apodera de ella y no tiene más remedio que convivir algo más de lo habitual con ese depravado mundo no lo soportan ni ella ni su salud mental, en el momento en el que trata de buscar una salida a su agobio, termina por romperse completamente cualquier atisbo de cordura que pudiera tener, consiguiendo que se convierta en una más de esa compañía tan extremadamente malvada que juguetea continuamente con el fino hilo que separa lo ilegal de lo moralmente incorrecto.
Todo está narrado de manera que consigue hacerte sentir Nina, el personaje protagonista, notas su angustia en cada momento. Creo que sé a lo que se debe, a una completa perfección uniendo lenguaje, imagen y actuaciones, entre las que destaco a Natalie Portman, está inmejorable. No me veo capaz de ver una escena en la que baje el ritmo, de hecho creo que se mejora por diapositivas, sin exagerar. Es más que difícil hacer que un espectador necesite dejar de mirar la pantalla para destensarse porque está cerca del infarto con un argumento tan aparentemente plano, del que no parece poder sacarse nada en claro, pero lo cierto es que no hay detalle alguno que se le escape ni escena a la que se le puedan poner pegas, todo es necesario e innecesario a la vez. Sí, habéis leido bien, necesario e innecesario, digo esto porque hay partes de la película que no son esenciales para seguir la trama, no obstante, sin ellas el grado de tensión habría bajado considerablemente.
El lenguaje, vale, una forma de hablar directa, sin rodeos ni adornos. No solamente debo decir que directa sino que también era bastante insultante e incómoda, logrando hacerte sentir fuera de lugar y, por qué no decirlo, bastante inquieta. No encontrarás metáforas, no encontrarás comparaciones, ni tampoco frases preciosas pero ininteligibles, por el contrario, te toparas con tacos y con palabras soeces en extremo, pero no te asustes, es parte de su plan. Y lo consiguen ¡Vaya si lo consiguen!
Todo es una obra maestra, una obra maestra que te deja la cabeza llena de dilemas, si poder reaccionar y con un nudo en la garganta, una obra maestra con la que necesitas unas cuantas horas para aclarar tus ideas, eso es lo que realmente es: Una obra maestra
Una obsesión es el tema principal, sí, pero una obsesión alimentada por su mundo, o al menos por el mundo que ella veía, que ella imaginaba, algo que en muchos momentos se hace difícil de distinguir. El viaje a los infiernos de una chica que desea la perfección, pero que a la vez se convierte en su propia enemiga no permitiéndose alcanzarla es el tema principal de la película. Es un largometraje de extremos, todos los personajes muestran lo peor de ellos, creo que no he logrado ver ninguno que mostrase algo bueno, exceptuando el principio de la protagonista, que ya mostraba su obsesión por no cometer fallos. Una vez ella se deja llevar por ese mundo no hay marcha atrás, está perdida y poco a poco irá descuidando su rumbo.
Te hacen testigo de cómo se corrompe una chica que, inicialmente, está controlada en extremo, por eso mismo, en el momento en el que la presión se apodera de ella y no tiene más remedio que convivir algo más de lo habitual con ese depravado mundo no lo soportan ni ella ni su salud mental, en el momento en el que trata de buscar una salida a su agobio, termina por romperse completamente cualquier atisbo de cordura que pudiera tener, consiguiendo que se convierta en una más de esa compañía tan extremadamente malvada que juguetea continuamente con el fino hilo que separa lo ilegal de lo moralmente incorrecto.
Todo está narrado de manera que consigue hacerte sentir Nina, el personaje protagonista, notas su angustia en cada momento. Creo que sé a lo que se debe, a una completa perfección uniendo lenguaje, imagen y actuaciones, entre las que destaco a Natalie Portman, está inmejorable. No me veo capaz de ver una escena en la que baje el ritmo, de hecho creo que se mejora por diapositivas, sin exagerar. Es más que difícil hacer que un espectador necesite dejar de mirar la pantalla para destensarse porque está cerca del infarto con un argumento tan aparentemente plano, del que no parece poder sacarse nada en claro, pero lo cierto es que no hay detalle alguno que se le escape ni escena a la que se le puedan poner pegas, todo es necesario e innecesario a la vez. Sí, habéis leido bien, necesario e innecesario, digo esto porque hay partes de la película que no son esenciales para seguir la trama, no obstante, sin ellas el grado de tensión habría bajado considerablemente.
El lenguaje, vale, una forma de hablar directa, sin rodeos ni adornos. No solamente debo decir que directa sino que también era bastante insultante e incómoda, logrando hacerte sentir fuera de lugar y, por qué no decirlo, bastante inquieta. No encontrarás metáforas, no encontrarás comparaciones, ni tampoco frases preciosas pero ininteligibles, por el contrario, te toparas con tacos y con palabras soeces en extremo, pero no te asustes, es parte de su plan. Y lo consiguen ¡Vaya si lo consiguen!
Todo es una obra maestra, una obra maestra que te deja la cabeza llena de dilemas, si poder reaccionar y con un nudo en la garganta, una obra maestra con la que necesitas unas cuantas horas para aclarar tus ideas, eso es lo que realmente es: Una obra maestra
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)