Dolor de cabeza, congestión nasal, dolor de garganta, tos seca y ojos vidriosos. Éstos son los síntomas que sufro en la actualidad, estoy acostumbrada a acatarrarme levemente casi todos los inviernos, aunque también es cierto que suele ocurrirme a finales de otoño y no en las últimas jornadas del año.
Hace días reflexioné sobre este tema, ilusionándome con la idea de que este invierno conseguiría librarme de este típico resfriado, el que me llega cada Navidad como si de un regalo de Reyes se tratase. La esperanza se desvaneció hace un par de mañanas, cuando desperté con un agudo dolor en la garganta, al principio solo fue eso.
En ese momento no me pareció poco, pero ahora mismo no me importaría volver a ese instante. A lo largo del día daba la sensación de que eso se convertiría en cosa de una tarde, ya que el mal aparentemente se iba desvaneciendo.
Siguiente amanecer, despierto a las cuatro de la mañana debido al llanto del niño de mis vecinos de arriba, pero no es eso lo que me impide recuperar el sueño sino la sorpresa que mi laringe me guardaba, un malestar más intenso que anteriormente, sin embargo aún no había ido a más y se mantenía en un simple dolor de garganta, ni siquiera la afonía había logrado alcanzarme.
No tardaría mucho en reaccionar y darme cuenta de que ya era tarde, había caído en manos del catarro. A las diez en punto mis ojos volvían a abrirse con un escozor poco normal y mi respiración se había visto alterada por el taponamiento nasal. La tos no tardaría en hacerse notar, acompañada de un picor mas que conocido.
El día transcurrió entre paquetes de clínex gastados, tazas de leche caliente con miel ¡Con lo que lo odio! y Algidol en vasos de agua, alternado con algún ibuprofeno para el dolor de cabeza, que no persistía durante mucho tiempo, por suerte. Además se sumaron los estornudos a algunos de mis síntomas.
Lo peor es el imaginarme tomándome las uvas mientras estos estornudos me invaden. Aunque parece que, sea como sea, tengo algo de suerte y mi sistema inmunológico ha resistido a la fiebre, ni siquiera he rozado los 37 grados. No me habría parecido tan extraño teniendo en cuenta mi estado actual, mi nariz se asemeja bastante a la de Rudolf, ese simpático reno que supuestamente acompaña a Santa Claus en su viaje a todas las casas del mundo; mi tos podría compararse fácilmente con los ladridos de un perro y mis ojos dan a entender, o bien que acabo de salir de una piscina o que las lágrimas han invadido mis pupilas minutos atrás.
Para completar mi buena fortuna, hoy, tras alguna que otra pregunta en la farmacia, me he enterado de que no solo debo tomarme el Algidol sino que tengo que mezclarlo con otro sobrecito más, esta vez será Acetilcisteína. Lo que me faltaba, no estaba lo suficientemente asqueroso el primer medicamento que además tendré que mezclarlo.
Está claro que esto se va a convertir en mi último catarro del año, tan solo espero que no se convierta también en el primero del 2011.
PD. A pesar del resfriado, no puedo olvidarme de nombrar el cambio que ha dado mi blog (fondo, complementos, foto principal...) Todo, absolutamente todo, ha sido gracias a mi amiga Laura Shot, que el otro día se apropió de mi ordenador y decidió cambiarlo al completo.
Huy, Marta, al principio pensaba que ibas a hablar sobre el anuncio de algún analgésico.:)
ResponderEliminarMuy chula la nueva plantilla, otoñal/invernal, ¡como el mal que te aqueja!
Es muy molesto estar así (y parecerse a Rudolph al mismo tiempo)... en fin, seguro que para el 31 estás ya mucho mejor y puedes comer las uvas sin atragantarte. Cuuuuuuídate, vale?
Pues la verdad es que esta mañana estaba muuuucho mejor! Las uvas no se me atragantaran parece ser :DDD
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