Tras una semana de "vacaciones", sin nada que escribir en este blog, parece haber llegado la hora de la vuelta. Así que, como el día de Reyes está aún muy reciente, ocuparé este espacio contando una anécdota que, aunque aparentemente debería haberme ocurrido este año, sucedió en ese frío mes de Enero del 2010. Para conseguir ubicaros os daré tres datos:
5 de Enero, Noche de Reyes. Aproximadamente las once y media post merídiem. Me encontraba junto con mi padre en el salón de mi casa, mi madre se hallaba en el trastero, cogiendo alguna cosa necesaria para envolver los regalos que al día siguiente entregaríamos al resto de familiares.
Supongo que tras esto habreis conseguido situaros por lo que me es posible continuar. Mi televisión nos permitía disfrutar del programa que en ese momento veíamos en el mismo instante en el que el sonido del ascensor me informaba de que mi madre ya estaba subiendo.
Esto se confirmó cuando escuché el elevador abrirse y los pasos de mi madre, que distingo a la perfección, acercándose a la entrada de mi casa. Lo único que me extraño es que lo hizo con una rápidez poco habitual en ella. Al abrir la puerta de mi casa, la oí con su emocionada voz decirme que los Reyes Magos habían llegado y teníamos allí sus regalos, en el descansillo.
Asombrada por lo que acababa de salir de sus labios, salí al rellano para sorprenderme aún más al ver allí varias cajas de regalos perfectamente envueltos y que, sabía a ciencia cierta, no eran nuestros. Unos encima de otros y cada cual más grande que el que tenía sobre él. Pasaron segundos hasta que la puerta de la casa que está pared con pared con la mía se abriese, dando paso a mi vecina.
Con ropa de estar por casa y bastante azorada nos comentó riendo que sus hijos "Los más nerviosos del edificio" habían decidido levantarse debido a que la excitación que sentían por la noche que era no les permitía dormirse. En el momento en el que salieron de la cama, ella tuvo que actuar rápido y lo primero que se le ocurrió fue sacarlos al rellano, el lugar más cercano a su árbol de Navidad.
Poco después de entrar de nuevo en mi casa conseguí escuchar levemente como recogían uno a uno todos los regalos que ocuparon anteriormente un espacio en el descansillo. Por eso este año, cuando nos los encontramos en esa mágica noche, nos anunciaron que habían sido previsores y esta vez los tenían escondidos bajo la mesa más baja de la casa, una que tiene un mantel que no permite descubrir lo que hay debajo. Tras eso ella nos dijo "Recuerdas esa noche de Reyes...?"
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