Agobiada. Un libro, un exámen, un trabajo. Una gota sale de su frente, nunca pensó que su angustia pudiese llegar hasta ese punto. Cierra las manos, apretándolas, tratando de no explotar en ese instante y ante todos. Nunca le gustó expresar sus sentimientos en público, algo que, sin duda, le ha jugado bastantes malas pasadas.
Se recoge su larga melena negra en una coleta ¿Es cosa suya o hace demasiado calor en esa habitación? Ver a toda la gente a su alrededor con jerseis y frotándose los brazos con las manos le confirma que, una vez más y como siempre, es ella la rara y la que sobra en esa sala. Así que decide irse a su habitación y aprovechar el tiempo para tratar de mejorar el día siguiente aunque solo fuera un poquito.
Entra en su mundo cuando cierra la puerta que la separa de la realidad insulsa que se cuece en ese momento en su casa. Ahora y habitualmente, piensa... Se aleja de ese lugar, no le resulta muy difícil porque está acostumbrada a hacerlo, ya sea de forma voluntaria o sin darse cuenta.
Una vez su mente vuelve al lugar en el que realmente se encuentra, trata de centrarse para lograr su objetivo: Aprobar ese exámen. Abre el libro y una mosca se pasea frente a ella, frente a sus ojos color miel. No puede evitar seguirla con la mirada y deleitarse con su zumbido, cosa que en otra situación no habría hecho. Por el contrario la habría echado en el segundo en el que se hubiese dado cuenta de su presencia.
El insecto se aleja y sale de su habitación, obligándola a centrarse nuevamente. Pero nadie puede forzarte a estudiar, ni siquiera tu mismo, si desde el principio tu disposición a ello es más bien baja. Por eso una simple foto se convierte en el entretenimiento perfecto y remarca con su bolígrafo la esquina izquierda, la observa. Una sola esquina redondeada queda mal, así que se dedica a completarlas todas. Así mejor. Sí, eso le gusta más.
Cierra los ojos y procura centrarse, lee la primera frase del tema y, nada más terminarlo, se da cuenta de que no se ha enterado de lo que acaba de ojear.
Suspira y contempla los muebles de su habitación como un bebé descubre un nuevo mundo. Vuelve a intentar centrarse en la prueba que deberá hacer al día siguiente, pero es incapaz. Por lo que cierra el libro, observa su portada, va a pronunciar el nombre de la asignatura en alto en el mismo instante en el que la música la ensordece, seguramente el vecino de abajo. Como siempre. No quería ser prejuiciosa en el momento en el que lo vio por primera vez, pero lo cierto es que el tiempo le ha dado la razón, nadie puede negar que su físico es más que deseable, pero su cabeza le resta muchos puntos.
Parece ser que no le queda más remedio que aguantar, así que se tira en la cama y comienza a "disfrutar" de esa "maravillosa" música. ¡Qué remedio!
A mí me pasa lo mismo xdxd
ResponderEliminarLa mayoría de las veces mientras leo, me pongo a pensar en otras cosas, y cuando me quiero dar cuenta, ya me he leído todo el texto y no me he enterado de nada :P
xDD Creo que a todos nos termina pasando lo mismo jajaj
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