lunes, 31 de enero de 2011

¿Y si lo hubiese dicho...?

¿Qué pasaría si esta entrada la estuviese escribiendo un periodista del "New York Times"? ¿Y si, por el contrario, la hubiese formado un niño en la arena? ¿Terminaría de la misma manera? Obviamente no. Probablemente en el primer caso acabaría por convertirse en un bombazo, algo increíblemente maravilloso y maravillosamente increíble. El segundo texto desaparecería entre pisadas y miradas indiferentes que no se molestarían siquiera en leer la primera palabra. Lo cierto es que esto no es nada especial, nada del otro mundo, solo un conjunto más de frases y oraciones combinadas con mayor o menor destreza, pero solo es eso, una simple entrada más, un texto que se leerá, posiblemente se comentará y a los pocos días se olvidará, como es lo normal, nadie espera más porque no sería lógico.

¿Qué ocurriría si ese vecino al que tanto detestas, ese al que tanto odias, tuviese una idea magnífica, una que pudiese solucionarte muchos problemas? ¿Y si la pensase tu mejor amigo? No creo necesaria la respuesta. La verdad es que es alucinante la poca objetividad que nos caracteriza, ya puede salir lo mismo de tus labios que de los de la persona que te acompaña, nunca se verá con los mismos ojos. Ni aunque ambos tengáis buena relación con el receptor, aún en ese caso lo recibirá de una manera distinta.

¿Qué diferencia hay entre que Stephen Hawking declare que buscar vida extraterrestre es un riesgo alto a que nos ataquen y que lo diga el agobiante hombre de "El Círculo de Lectores"? Ninguna está basada en algo, ambas son conjeturas, en ese caso ¿Por qué una siembra el pánico y la otra no? Me diréis "No compares, por favor, uno es un físico y científico mientras que el otro solo se dedica a repartir libros casa por casa" Y tenéis razón, pero eso solo me serviría si se basasen en algo, simples conjeturas son simples conjeturas tanto para un científico como para un repartidor.

Busquemos más ejemplos, aunque, para ser sincera no creo que hagan falta más, pero para los más escépticos continuaré mostrando casos. Esta vez nos colocaremos en el campo deportivo, en el futbolístico para ser más exactos ¿Qué repercusión tendría que el adorado Pep Guardiola pronunciase en uno de sus pocos momentos no-zen una queja sobre el árbitro? ¿Y si lo hace el no-tan-adorado Mourinho? También puedo prescindir de responder, tan solo debéis ojear las noticias deportivas, sé lo que algunos de vosotros estais pensando ahora mismo y volveré a parafrasearos "Oh, Dios, Pep nunca haría eso, nunca se quejaría del árbitro ¿¡En qué piensas!?" Y otra vez estaríais en lo cierto, Pep nunca se quejará de un árbitro, tampoco creo que lo necesitase porque esta subjetividad de la que hablo también se muestra en el terreno de juego. En cualquier caso, esa es otra polémica en la que no quiero profundizar.

Buscando un último ejemplo, algo más cercano ¿Qué hay de esa gente que te rodea diariamente? ¿Todas sus opiniones tienen la misma trascendencia en ti? Imaginando la escena, una de esas personas que te importan realmente está contando sus vivencias en la boda a la que asistió el pasado sábado, seguro que te acercas a preguntar, a someterla a un tercer grado para conocer todos y cada uno de los detalles. Cambiemos algunos acontecimientos, la persona que lo cuenta... Digamos simplemente que no es Santo de tu devoción, pongamos que ni siquiera te lo está explicando a ti, tan solo lo escuchas de fondo ¿Qué pensarías? Seguramente tu mente estaría ocupada por frases tales como "¿Y a mi qué me importa?" o "Mírale, haciéndose el interesante" ¿Por qué? por el simple hecho de que no te cae bien, y eso ya le hace el hombre más detestable sobre la faz de la Tierra.

Terminaré exponiendo mi opinión,creo firmemente que nadie es tan horrible como podemos llegar a pensar, al igual que ninguna persona conocida por nosotros es tan absolutamente maravillosa y perfecta como opinamos de algunos. Es cierto que hay excepciones, que hay gente que explota más su lado malvado que el bueno, tristemente no pienso que ocurra igual al contrario, pero en la mayoría de los casos ambos lados están presentes, aunque muchas veces nos neguemos a verlo. Sinceramente opino que tratar de mostrar algo más de objetividad ante las cosas no nos vendría mal, no sería un signo de inferioridad sino todo lo contrario, querría decir que no le das importancia, significaria que no es influyente en ti, sería señal de madurez y tolerancia, demostraría que has pasado página en un libro que aparentabas haber terminado hace mucho.

5 comentarios:

  1. Bravo, Marta. ¡BRA-VO!
    Me ha gustado mucho, y creo que tienes algo de razón. Pero en mi opinión, no somos máquinas, sentimos y recordamos todo lo que hemos pasado con gente más o menos cercana, más o menos querida; y por mucho que queramos, somos y seremos subjetivos. Claro que, siempre podremos intentar, aunque solo sea una vez, ser algo objetivos y ver la cruda realidad.

    ResponderEliminar
  2. Por supuesto que seremos siempre subjetivos, queramos o no, pero yo hablo de rencores, yo hablo de saber pasar página para poder ser más felices, no dejando que nada te pase por encima, dandole la misma importancia a esa persona tan odiada como a otra que te sea indiferente, o por lo menos intentarlo :DD

    ResponderEliminar
  3. En eso estoy completa e irremediablemente de acuerdo. :D

    ResponderEliminar
  4. Y en todo esto metería los prejuicios, somos prejuiciosos por naturaleza y eso nos cierra tantas posibilidades...

    ResponderEliminar
  5. Toda la razón, los prejuicios también forman parte de nosotros en todo momento... No estaría mal tratar de deshacerse de ellos...

    ResponderEliminar