Anúdate un pañuelo al cuello, coge tu Vespa y date una vuelta por Italia, déjate invadir por los años cincuenta y disfruta de la gastronomía. Visita Milán, Roma, Pisa y Verona. Termina tu paseo en Venecia. Bájate de la moto y súbete a una góndola, observa los canales, disfruta de las vistas y enámorate de tu acompañante. Ten un romance fugaz, pasea por todos los rincones de ese lugar. Aprovecha la magia para impregnarte de ella y siente todo lo especial y diferente que te transmita.
Tras eso, coge un avión y vete hasta Nueva York. Llama a uno de esos taxis amarillos y permite que te hagan una foto dentro de él. Siéntete intimidada por los enormes rascacielos y sube tres o cuatro veces al Empire State. Nótate pequeña al ponerte al lado de la Estatua de la Libertad. Retrata las vistas que más preciosas te parezcan y experimenta el ser parte de esa gran ciudad.
No puedes dejar de visitar San Francisco, pasa bajo el famoso puente Golden Gate, utiliza el tranvía para transportarte y mejora un poco tu inglés. Compra algún que otro souvenir y pasea descalza por la playa. Observa el contraste entre mar y boscaje y vuelve a inmortalizarlo. No te olvides de guardar una tarjeta de memoria de repuesto en el bolsillo, la necesitarás.
Sí, la necesitarás cuando visites las playas de Miami, que dejarán por los suelos a las de San Francisco. Descansa en ese destino, porque aún te quedan mucho más. Toma el sol, báñate y broncéate. No te irá mal cualquier recuerdo del calor en Noruega.
Visita los fiordos, mira como los árboles llenan las montañas de un intenso color verde. Si tienes suerte podrás disfrutar del blanco de la nieve sobre algunas de esas frondosas sierras. Acaba con la primera tarjeta de memoria que llevaste sacando un recuerdo que ni por asomo se parecerá al aspecto en vivo. Abrígate y no cojas frío, no te será agradable visitar Berlín con catarro.
Contempla los contrastes que ocupan cada rincón de la metrópoli. Comprueba como lo nuevo y lo antiguo se funden a pocos metros cuadrados y comienza a gastar la tarjeta de memoria de tu cámara dígital. Pasea por la Potsdamer Platz y cómprate una réflex, practica tu alemán en cualquier parte de la ciudad. Camina frente a la Puerta de Brandeburgo y párate para ver cada detalle, sigue andando y llega a la Gedächtniskirche o a la Alexanderplatz, incluso a ambas.
Sigue y sigue fotografiando sin parar mientras el avión te lleva a Londres. Llama a quien te apetezca desde una cabina telefónica y observa el Big Ben desde los cristales. Inmortaliza las vistas desde el London Eye y estrena tu nueva cámara réflex sacando instantáneas artísticas del Puente de Londres desde el Támesis. Disfruta de la lluvia y del té como nunca pensaste que harías y déjate llevar hasta cualquier callejuela que consiga que te pierdas durante unas horas.
No necesitarás volver a coger un avión para ir hasta Escocia. Déjate llevar por sus misterios, sus calles encantadas y sus leyendas. Cógete una barca y trata de navegar por el oscuro Lago Ness, busca al monstruo e intenta capturarlo con esa maravillosa réflex a la que se le acumula el trabajo. Siente miedo al no ver el fondo del negro lago. Sal de la barca y permite que te persuadan para comprar cualquier tontería siempre y cuando esta no cueste en exceso, que aún te quedan cosas por ver y París no es barata.
Sube a la Torre Eiffel y observa toda la capital desde las alturas. Comprueba como te habrías sentido en Nueva York si la Estatua de la Libertad estuviese en su tamaño real, pasea bajo El Arco del Triunfo y no te olvides de la única forma que tienes de recordar eso para siempre. Cómete también una crepe y averigua porque son tan típicas de allí desde el primer bocado. Mira el reloj y descubre que se te acaba el día, que te quedan varios destinos a los que ir.
Pasa por Sídney y asómbrate por enésima vez. Disfruta de Egipto y siéntete muy pequeñito al lado de las pirámides. No te olvides de Japón, explora otra forma de pensar. Vete hasta Tailandia, visita cada mágico sitio de Bangkok. Una vez hayas hecho todo esto, vuelve a Madrid.
Aquí deberás visitar el Templo de Debod, la Gran Vía y El Retiro, móntate en una barca y rema durante quince minutos, gastando las fotos que aún te sobren. Tras eso, recorre a pie cada espacio de la ciudad y vuelve a casa tan solo un poco más abierto de mente y sabiendo que aún te quedan muchas cosas por ver. No lo ovides, déjate atrapar por otras culturas, viaja.
Hala Gómez, que chula la entrada :D
ResponderEliminarGracias, Castellanos :DD
ResponderEliminarMe encanta! Y además están muy bien los lugares que has puesto, la mayoría no los conozco...¿Dónde está Madrid? jajajajja :D
ResponderEliminar¡¡Muchas gracias!! Ni yo tampoco conozco la mayoría, pero lo haré xDD me lo he propuesto jajaj
ResponderEliminarMmm... creo que es un pequeño pueblo de China, sin nada de nada para entretenerte y muy poco desarrollado... Sí, eso tengo entendido xD