Sé que este blog se está volviendo actualmente en algo muy monotemático, pero prometo que no siempre será así. También sé que esta película ya ha sido utilizada como entrada muchas veces, lo que pasa es que merece la pena escribir una entrada sobre ella.
Ayer quedé con Bea para ir a ver Buried al cine del Plenilunio, al principio pensamos en ir al Carrefour, pero no había película a la hora que nosotras queríamos, así que nos plantamos donde hiciera falta para verla, ya que todo el mundo la pone tan bien que queríamos verla fuese como fuese.
Buried (Enterrado) habla de la historia de Paul Conroy, un contratista que está en Irak trabajando cuando, tras una emboscada, recibe un golpe en la cabeza y se desmaya. Despierta encerrado en una caja de madera con tan solo un móvil con escasa batería y cobertura, un mechero y los objetos que su secuestrador le ha dejado allí. Solo tiene 90 minutos de oxígeno y todo se convierte en una carrera contrarreloj para salir de allí. La película se desarrolla en un mismo escenario (la caja) y con un único actor (Ryan Reynolds). Creando una sensación de angustia que no desaparece en ningún momento durante los 90 minutos.
Llegamos al centro comercial a falta de media hora para que empezase, así que fuimos directas a las taquillas para comprar las entradas, tras eso dimos vueltas por el Plenilunio, visitando tiendas, hasta que llegó la hora y entramos en el cine.
La película comenzó y, desde ese momento hasta el final, no pudimos apartar los ojos de la pantalla, odiando a todos y cada uno de los interlocutores que el protagonista tenía mediante vía telefónica y encerrándonos con él dentro de esa caja. El director consigue meterte junto a él dentro de ésta, manteniéndote pegado en la silla de principio a fin.
El cine estaba practicamente vacío, pero, a pesar de eso, todas y cada una de las personas que había en la sala vivimos la película con la misma intensidad. Según se iba acercando el final el nerviosismo crecía y la angustia no desaparecía. A la llegada de los créditos nadie era capaz de levantarse de la silla, cada uno reaccionando a su manera, yo, por mi parte, me puse a reírme de los nervios, risa floja que la llaman, Bea, sentada a mi derecha, solo repetía una y otra vez: No me lo puedo creer, otros no podían ni articular palabra. Si ahora mismo me preguntasen qué tal está, solamente me saldría una cosa de la boca: Alucinante. Una película más que recomendable y que nadie puede perderse.

Si es que lo que os recomiende vuestro tutor-profesor, debería ir a misa. Lo de la gente pegada a su butaca sin salir hasta que se acabaron los títulos de crédito, se produjo también en mi sesión (el preestreno, os recuerdo, jejeje), como alucinados, y eso que ahí la sala estaba a reventar de gente.
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