jueves, 21 de octubre de 2010

Platero, yo y el medio ambiente

Esperé todo lo tranquilo que pude a que el vigilante nos permitiese entrar, era la primera vez que iba a ese lugar lleno de hermosas flores y grandes arbustos, así que no sabía si permitirían entrar a Platero, por se burro.

- ¿Hay algún problema?- Pregunté algo irritado por la espera a la que nos estaba sometiendo ese hombre de azul.

-No, ningún problema, señor. Pasen- Contestó él con su animoso acento andaluz. Después sonrió y nos despejó la entrada de esa improvisada puerta que formaba la maleza del colorido Vergel.

Nada más entrar, mi boca se abrió y no pude dejar de observar lo que me rodeaba. El cielo azul celeste estaba más despejado que nunca, esto hacia más y más increíble el resto del parque. Miré a mi alrededor y me pregunté como no había descubierto antes ese lugar lleno de distintos tipos de plantas y árboles, algunos no sabía ni que existiesen.


-¿Has visto todo esto, Platero? ¿Cómo hemos podido tardar tanto tiempo en venir aquí?- Miro al animal que me mira algo alucinado y sin saber muy bien que estoy haciendo, ni diciendo. Su pelaje marrón claro parece incluso más hermoso ahora, rodeados de esa preciosa naturaleza.

Miro a mi alrededor y veo todo tipo de flores: Orquídeas blancas, rojas, naranjas... ¡Hasta marrones! También había rosas y claveles, pero no faltaban las plantas exóticas, tales como el bambú, colocado en un extremo, dándole también un toque oriental al parque.

El lago, de un agua cristalina que permitía ver las piedras que en su fondo se encontraban, producía un relajante sonido gracias a la brisa, que creaba un leve oleaje. Los peces que vivían en este, se movían despacio, increíblemente influidos por las sensaciones que ese lugar contagia a cada ser vivo que se encuentre dentro de él.

Miro al frente y veo a un jóven tirando un papel al verde césped, provocando mi conmoción.

-¡Perdón! ¡Perdón!- trato de llamar la atención de ese chico de ojos azules y pelo negro intenso. Consigo que se gire y me mire, entonces frunzo el ceño y me acerco a él algo más, con Platero a mi lado- ¿A ti te parece normal lo que acabas de hacer?- Él me observa y su cara no cambia el gesto ni un ápice, como si no comprendiese lo que digo o no supiese a que me refiero- ¡El papel que acabas de tirar!- Grito exasperado, sin llegar a entender cómo no sabía de que hablaba.

-¡Ah!- Se da cuenta, por fin y pongo los ojos en blanco, entonces miro al que siempre me acompaña, a mi lado. Parece que hasta él está molesto con ese gesto, sus ojos verdes se centran en lo azules del chico jóven, lucha crómatica que termina cuando vuelve a hablarme a mi- ¿Qué mas da, tronco?- Contesta con un tono extraño que no había oído antes, por supuesto, las palabras raras invadían su vocabularío, a pesar de solo haberle oído hablar durante unos segundos.

-Este papel- Lo cojo del suelo y se lo muestro- Puede destruir todas las hermosas planta y flores que te rodean y matar a los pececillos que nadan en aquel lago cristalino. No cuesta nada acercarse a aquel contenedor y tirarlo en su interior- Llevo yo el papel hasta el otro lado, con mi amigo Platero siguiéndome, y lo echo allí.

-Pero que raro que hablas, macho- Contesta el chico con ese acento raro que ya había percibido anteriormente- Bueno, si te quedas así más tranquilo- Me mira de arriba abajo, al igual que a Platero, y se aleja entre la maleza, pero antes le oigo articular una frase- ¡Qué gente más rara que hay en este lugar, macho!

-Platero, ya hay alguien más en el mundo concienciado con el medio ambiente gracias a nosotros ¿No te sientes orgulloso?- Miro a Platero, que me devuelve esa mirada sin saber que estoy diciendo, como siempre. Suspiro- Venga, vámonos, tenemos muchos sitios más que visitar y, aunque parezca mentira, seguro que también serán tan preciosos como este- Salimos del parque y sonreímos al vigilante, que nos hace un gesto con la cabeza antes de desaperecer en el horizonte.

2 comentarios: