18:15. Butacas no numeradas y sala de cine abarrotada. La búsqueda de sitio fue el mayor reto intelectual al que me vi sometida esa tarde en la que me decidí a ir a ver "Más allá de la vida" al cine ¿Sensación final? No lo tengo claro. Ningún misterio, ningún giro inesperado, ninguna de esas escenas de acción tan utilizadas actualmente en la gran pantalla, nada. Todo fue plano, aunque no podría decir que me aburrí durante el largometraje, quizás si en ciertas escenas.
La película comienza, no podía ser de otra manera, mostrándote la muerte o, al menos, algo muy cercano a ella. Tras esto empieza todo, un Tsunami consigue que la historia se desarrolle. Clint Eastwood nos enseña las vidas, completamente diferentes y en naciones distintas, de tres personas ligadas a lo que hay más allá de una manera u otra.
Nada más acabar la cinta traté de buscar en mi interior algo de lo que me había dejado, pero no conseguí hallarlo, me quedé igual que cuando entré en la sala, ni un solo cambio. Eso debería darme la respuesta a mi pregunta sobre la sensación final, pero lo cierto es que, a pesar de no dejarme nada, no me importaría volver a verla, probablemente para buscar el mensaje que vislumbré horas después de haber finalizado el filme. Creo firmemente que Eastwood buscó algo que tuviese profundidad más allá de cualquier tipo de argumento definido. Intentó mostrar las vidas de gente que ha perdido a alguien, de gente que ha visto la muerte con sus propios ojos, de gente que tiene contacto directo con ella, intentó unir todos estos elementos y crear algo que, a mi entender, se acerca más al cine como hace tiempo dejó de entenderse, el cine puro, de lo que cualquier otro metraje con argumento, nudo y desenlace. Tampoco diré que no tiene ninguna de estas tres características, de hecho he de decir que tiene un trío de cada, uno por cada personaje.
A pesar de estos ingredientes, que deberían dejar un muy buen sabor de boca en el espectador, personalmente vuelvo a repetir que me quedé fría, pienso que se debe al contínuo cambio de escenario, de país y, a su vez, de argumento, cosa que no te permite penetrar en la personalidad del personaje o en su historia en ningún momento, porque cuando comienzas a hacerlo la escena termina y tienes el reto de ahondar en el carácter del siguiente protagonista antes de que te presenten al posterior, lo que se traduce en unos pocos minutos.
Es una película especial, diferente al resto de largometrajes que hay en cartelera, a lo mejor me paso el resto de mi vida buscando la sensación que me dejó cuando terminé de verla, quizás simplemente deba admitir que no me dejó sentimiento alguno, probablemente deba aceptar que eso no es algo tan horrible y que por lo demás puedo catalogarla como perfecta, pero, si he de ser sincera, me niego. Podría convertirse en una cinta llena de sentimentalismo, se queda al límite de ello, no obstante no consigue romper del todo. Además, el final es tan abierto, dejándote imaginar prácticamente todas la opciones posibles, que no solo debes preocuparte por buscar "algo", cualquier cosa, que te permita opinar sobre la película para bien o para mal cuando te pregunten, sino que también tienes que pensar que ocurrirá con esas personas tras aparecer los títulos de crédito en pantalla.
Invito a la gente a verla, invito a la gente a no perder detalle e invito a la gente a contarme su opinión después de verla, así quizás lograré sacar algún veredicto final, teniendo criterio para ponerle la cruz o, por el contrario, catalogarla como uno de esos films que se encuentran en la lista de favoritos. Sea como sea, creo que terminaré por ponerla en mi pantalla de nuevo, dándole una segunda oportunidad para dejarme ese buen sabor de boca que esta posible obra maestra se merece.
sábado, 26 de febrero de 2011
viernes, 18 de febrero de 2011
Lluvia en Madrid
Camina por la calle con los cascos puestos y el volumen lo más alto posible, quiere evitar los sonidos de los coches y la gente que la rodea. Comienza a observar, mientras camina a paso cada vez más acelerado, como las nubes encapotan ese cielo ya de por sí menos azul de lo normal de la gran ciudad, Madrid. Contempla los movimientos de la gente, cada rincón de ese lugar, a la misma vez que su música lo convierte en algo más hermoso.
Las gotas comienzan a mojar el suelo y ella no puede evitar deleitarse con eso, le gustan los días de lluvia, para que negarlo. Además, parece que la trenza que reposa sobre su hombro no permitirá que su pelo, color castaño claro, se moje demasiado. Siempre dudaron a su alrededor si debían nombrarlo como rubio algo oscuro o si, por el contrario, se trataba de un color cobrizo, pero ella siempre tuvo claro que el oro no adornaba su cabeza.
Puede ver a lo lejos , por fin, la boca de metro, había paseado durante largo rato para llegar a él y parece que la nubes cada vez descargan más agua, tanto que en no mucho tiempo se terminará por convertir en una tormenta, así que quizás debería correr un poco más. Eso hace, o eso hacía, porque al pasar frente a un Starbucks y comprobar que éste estaba vacío, o prácticamente vacío, no ha podido resistirse a la tentación y ha decidido pasar la tormenta en su interior. Nada más entrar, quita uno de los cascos de su oído y baja el volumen de la música, se acerca para pedir alguno de esos ricos bollos que allí venden y no puede evitar ponerle ojos golosos a uno en especial, ese será el que elija, ese le señalará a la camarera, ese saboreará en su mesa durante largos minutos.
No tarda en transformar esto en una realidad y sentarse en aquel sitio que permite observar la calle. Sigue escuchando una de las canciones que ocupan espacio en su Ipod, pero uno de los auriculares sigue caído, haciendo que el otro deba hacer más esfuerzos por desafiar la fuerza de la gravedad, mientras los sabores invaden sus papilas gustativas. Contempla como el suelo de la calle cada vez se moja más, la gente ya va con paraguas y quien no trata de resguardarse en cualquier cafetería, la que ella habita ahora mismo no iba a ser menos, por eso al poco tiempo esta se llena, todos la miran de arriba abajo observando que ella se encuentra seca, ni una gota de lluvia mojaba su abrigo. Tras todos los ojos que luchaban por aguantar la mirada con los suyos azules, volvió a prestarle atención a su reproductor de música, las servilletas que agradecen su visita son testigos de ello, también lo es la camarera que recogerá la mesa que ha ocupado a la misma vez que ella sale de ese lugar, sabe que se mojará mucho, pero no le importa en exceso, el metro está a poca distancia y de esa manera las calorías que acababa de ingerir desaparecerían de su cuerpo.
"I get tired, and upset, and i´m trying to care a little less, and i googoo, i only get depressed, i was taught to touch those issues i was told. Don´t worry, there´s no doubt, there´s always something to cry about when you´re stuck in an angry crowd, they dont think what they say before they open their mouth"
Canta esa primera estrofa de la canción una vez el techo del metro la resguarda de la tormenta, busca el euro que la permitirá desplazarse hasta su casa, que, afortunadamente, se encuentra a un par de calles de su portal. Hace poco que lo abrieron, pero la verdad es que bendice ese momento desde el primer segundo en el que lo hicieron. Esa moneda que introduce se convierte en un billete de metro en apenas un minutos. Corre cuando pasa la barrera que impide entrar sin ticket para no perder el vagón que se encuentra en la estación ahora mismo. Tiene suerte y consigue meterse en este cuando las puertas comenzaban a cerrarse.
Un par de transbordos más tarde, se encuentra frente a su portal y con las llaves preparadas para ser utilizadas. Entra y llama al ascensor, que sube bastante más despacio de lo habitual. Las puertas se abren y entra en su casa mientras la lluvia sigue golpeando los cristales. Cree que se dará una ducha para entrar en calor. Se quita el único auricular del oído y deja el Ipod en la mesa a la vez que se aleja dirección a su baño. Su aparato reproductor avisa por falta de batería mientras la música continúa sonando, no avisa en vano, poco después la pantalla se vuelve negra. Apagado.
Las gotas comienzan a mojar el suelo y ella no puede evitar deleitarse con eso, le gustan los días de lluvia, para que negarlo. Además, parece que la trenza que reposa sobre su hombro no permitirá que su pelo, color castaño claro, se moje demasiado. Siempre dudaron a su alrededor si debían nombrarlo como rubio algo oscuro o si, por el contrario, se trataba de un color cobrizo, pero ella siempre tuvo claro que el oro no adornaba su cabeza.
Puede ver a lo lejos , por fin, la boca de metro, había paseado durante largo rato para llegar a él y parece que la nubes cada vez descargan más agua, tanto que en no mucho tiempo se terminará por convertir en una tormenta, así que quizás debería correr un poco más. Eso hace, o eso hacía, porque al pasar frente a un Starbucks y comprobar que éste estaba vacío, o prácticamente vacío, no ha podido resistirse a la tentación y ha decidido pasar la tormenta en su interior. Nada más entrar, quita uno de los cascos de su oído y baja el volumen de la música, se acerca para pedir alguno de esos ricos bollos que allí venden y no puede evitar ponerle ojos golosos a uno en especial, ese será el que elija, ese le señalará a la camarera, ese saboreará en su mesa durante largos minutos.
No tarda en transformar esto en una realidad y sentarse en aquel sitio que permite observar la calle. Sigue escuchando una de las canciones que ocupan espacio en su Ipod, pero uno de los auriculares sigue caído, haciendo que el otro deba hacer más esfuerzos por desafiar la fuerza de la gravedad, mientras los sabores invaden sus papilas gustativas. Contempla como el suelo de la calle cada vez se moja más, la gente ya va con paraguas y quien no trata de resguardarse en cualquier cafetería, la que ella habita ahora mismo no iba a ser menos, por eso al poco tiempo esta se llena, todos la miran de arriba abajo observando que ella se encuentra seca, ni una gota de lluvia mojaba su abrigo. Tras todos los ojos que luchaban por aguantar la mirada con los suyos azules, volvió a prestarle atención a su reproductor de música, las servilletas que agradecen su visita son testigos de ello, también lo es la camarera que recogerá la mesa que ha ocupado a la misma vez que ella sale de ese lugar, sabe que se mojará mucho, pero no le importa en exceso, el metro está a poca distancia y de esa manera las calorías que acababa de ingerir desaparecerían de su cuerpo.
"I get tired, and upset, and i´m trying to care a little less, and i googoo, i only get depressed, i was taught to touch those issues i was told. Don´t worry, there´s no doubt, there´s always something to cry about when you´re stuck in an angry crowd, they dont think what they say before they open their mouth"
Canta esa primera estrofa de la canción una vez el techo del metro la resguarda de la tormenta, busca el euro que la permitirá desplazarse hasta su casa, que, afortunadamente, se encuentra a un par de calles de su portal. Hace poco que lo abrieron, pero la verdad es que bendice ese momento desde el primer segundo en el que lo hicieron. Esa moneda que introduce se convierte en un billete de metro en apenas un minutos. Corre cuando pasa la barrera que impide entrar sin ticket para no perder el vagón que se encuentra en la estación ahora mismo. Tiene suerte y consigue meterse en este cuando las puertas comenzaban a cerrarse.
Un par de transbordos más tarde, se encuentra frente a su portal y con las llaves preparadas para ser utilizadas. Entra y llama al ascensor, que sube bastante más despacio de lo habitual. Las puertas se abren y entra en su casa mientras la lluvia sigue golpeando los cristales. Cree que se dará una ducha para entrar en calor. Se quita el único auricular del oído y deja el Ipod en la mesa a la vez que se aleja dirección a su baño. Su aparato reproductor avisa por falta de batería mientras la música continúa sonando, no avisa en vano, poco después la pantalla se vuelve negra. Apagado.
lunes, 14 de febrero de 2011
Hoy es San Valentín, hoy es un día más.
Esta mañana ha sonado mi despertador a las ocho, como siempre, y he abierto los ojos queriendo volverme a dormir, como es habitual. No ha ocurrido nada especial esta mañana ¿Por qué debería? "Porque es San Valentín" Eso tendría que servirme como explicación. Pues eso, un día más.
Al llegar hoy a clase he saludado y sido saludada, al igual que normalmente, lo único que me ha podido hacer recordar que no era un Lunes cualquiera es esa exhausta y entretenida, por otra parte, tarea de repartir clase por clase los corazones que encargaron los niños de primaria, mayoritariamente. El resto del tiempo se ha desarrollado de manera normal. Eso digo yo, una jornada cualquiera.
El recreo me ha permitido disfrutar de un delicioso bocadillo de la cafetería, después una clase con película y otra más, anterior a la hora de comer. Vamos, lo que es mi horario, "Recreo, dos horas y a comer". Yo sigo opinando igual, una fecha más en el calendario.
Tras la hora que nos permiten para alimentarnos, he regresado preparada para enfrentarme a 120 minutos de más materias. Correcciones y soluciones son las cosas que han ocupado 100 de esos 120 minutos. El resto ha sido empleado en traducciones, pero vamos, aclaro que nada especial. Igual pienso, un amanecer-atardecer-anochecer sin nada especial.
Al llegar a mi casa me he preparado una merienda antes de comenzar con algunas tareas. Después he ocupado mi ordenador portátil y he comenzado a conversar con varias personas. Y entre Nanteses y Madrileños he terminado viendo uno de esos programas que fueron dejados de la mano de Dios y abandonados, pero que la actual telebasura ha decidido recuperar. "Allá tú", cada día más decadente, pero que para tener de fondo no está nada mal. Pienso aún aquello de "Un alba más".
El tiempo pasa y ese espacio que había colocado de fondo termina por ser ojeado "Por ver como iba", ahora vendría el momento en el que mi vida ha sentido mayor emoción en todo el día "¡Vaya! El jugador se ha quedado con las dos mejores cajas" Interesante. La verdad es que el que se ha llevado el dinero finalmente ha sido él, pero oye, la emoción me ha embargado por un instante. Sí, tranquilo lector, estoy siendo irónica. Aquello que no paro de repetir de "Ese crepúsculo otra vez".
Y es que mi día de San Valentín ha sido tan sumamente especial que merecía ser escrito aquí. Aún sigo pensando en esas dos cajas... Ese par de cubículos que me han hecho despertar. Al igual que deberíais despertar vosotros ¿De verdad necesitáis que os marquen un día para ser más cariñosos? Contesto por mí aunque ya sabréis la respuesta. Pff, hoy no me apetece ser clara. Lo que yo decía, 24 horas más.
Al llegar hoy a clase he saludado y sido saludada, al igual que normalmente, lo único que me ha podido hacer recordar que no era un Lunes cualquiera es esa exhausta y entretenida, por otra parte, tarea de repartir clase por clase los corazones que encargaron los niños de primaria, mayoritariamente. El resto del tiempo se ha desarrollado de manera normal. Eso digo yo, una jornada cualquiera.
El recreo me ha permitido disfrutar de un delicioso bocadillo de la cafetería, después una clase con película y otra más, anterior a la hora de comer. Vamos, lo que es mi horario, "Recreo, dos horas y a comer". Yo sigo opinando igual, una fecha más en el calendario.
Tras la hora que nos permiten para alimentarnos, he regresado preparada para enfrentarme a 120 minutos de más materias. Correcciones y soluciones son las cosas que han ocupado 100 de esos 120 minutos. El resto ha sido empleado en traducciones, pero vamos, aclaro que nada especial. Igual pienso, un amanecer-atardecer-anochecer sin nada especial.
Al llegar a mi casa me he preparado una merienda antes de comenzar con algunas tareas. Después he ocupado mi ordenador portátil y he comenzado a conversar con varias personas. Y entre Nanteses y Madrileños he terminado viendo uno de esos programas que fueron dejados de la mano de Dios y abandonados, pero que la actual telebasura ha decidido recuperar. "Allá tú", cada día más decadente, pero que para tener de fondo no está nada mal. Pienso aún aquello de "Un alba más".
El tiempo pasa y ese espacio que había colocado de fondo termina por ser ojeado "Por ver como iba", ahora vendría el momento en el que mi vida ha sentido mayor emoción en todo el día "¡Vaya! El jugador se ha quedado con las dos mejores cajas" Interesante. La verdad es que el que se ha llevado el dinero finalmente ha sido él, pero oye, la emoción me ha embargado por un instante. Sí, tranquilo lector, estoy siendo irónica. Aquello que no paro de repetir de "Ese crepúsculo otra vez".
Y es que mi día de San Valentín ha sido tan sumamente especial que merecía ser escrito aquí. Aún sigo pensando en esas dos cajas... Ese par de cubículos que me han hecho despertar. Al igual que deberíais despertar vosotros ¿De verdad necesitáis que os marquen un día para ser más cariñosos? Contesto por mí aunque ya sabréis la respuesta. Pff, hoy no me apetece ser clara. Lo que yo decía, 24 horas más.
martes, 8 de febrero de 2011
Carpe Diem
Ayer por la tarde, a eso de las cinco y media, me encontraba acompañada por Bea y Alba en la estancia de suelos naranjas que se utiliza para hacer aerobic en el polideportivo "Pepu Hernández", iba a comenzar la clase de los lunes en breves minutos y nos hallábamos preparadas para sufrir un poco, mentalizadas para soportar cualquier cosa, pues pensábamos que sería como las otras clases. Ya aclaro que nos equivocamos, por una vez no hubo nada de sufrimiento, no al menos del físico.
Nuestra nueva monitora, ya que la habitual está de vacaciones, decidió que nos iría bien una sesión de baile. Bueno, no sonaba mal, algo más o menos entretenido. Pues bien, el instante en el que nos mostró el primer paso dejaba entrever que no sería una coreografía normal, aunque más claro lo dejaron los siguientes. Tras hacer todo tipo de gestos, más o menos normales, que lograron hacerme reflexionar durante mucho rato varias cuestiones. Sí, habéis leído bien, el baile logró hacerme meditar lo que no razono normalmente, porque llevaba atascada con los temas para el blog semanas y en ese instante logré pensar hasta siete, de los cuales, debo decir, solo recuerdo cinco, cosa bastante frustrate, por otra parte. Llegamos a los pasos "ochenteros", lo entrecomillo debido a que estaban mezclado con salsa y algo de pseudohip-hop, aunque siempre con la esencia de esos no tan lejanos famosos años de baile, siendo sinceros, una gran peluca a lo afro y pantalones de campana nos habrían hecho viajar en el tiempo a una época que ni siquiera hemos conocido.
Lo cierto es que esto tan solo me sirve de introducción, o eso debería, aunque parece que me he extendido bastante en ella, pero esa clase tenía intención de tratarla en otra entrada, no hay que desperdiciar ideas que últimamente son escasas. Ahora mismo sé que debéis estaros preguntando para qué he soltado todo este rollo si no voy a terminar hablando de ello, enseguida os responderé que lo que trato de dejar claro es el rídiculo que pasamos en la clase más alejada de lo que está llamada a ser. Diré que si hay algo que no soporto en la vida, por ser un poco exagerada, es hacer el ridículo, aunque, siendo franca, de vez en cuando tampoco viene mal.
Nombro todo esto porque en esa clase al final fue más divertida de lo esperado, no sufrí por estar llevando a cabo pasos incoherentes y que nos hacían plantearnos la edad de nuestra profesora, más bien todo lo contrario, y es que si bien no me gusta hacer el ridículo, una vez que es inevitable hacerlo, mejor disfrutar y tomárselo con humor. Hace no mucho tiempo pude escuchar en la televisión esta misma teoría "Reír por defecto" decían y a pesar de que a la caja tonta no debe dársele demasiada importancia, realmente me sentí identificada. No tanto reír por defecto, logrando que parezcamos unos completos desequilibrados, sino el tomarse con filosofía todo aquello que la vida te ponga como obstáculo, aunque muchas veces sea difícil. Siempre hay excepciones, momentos y situaciones en las que eso se convierte en algo imposible, pero alejados de ellas lo mejor que puedes hacer es disfrutar el momento, exactamente lo que significan las dos palabras que adornan mi título.
Me asombró bastante el escuchar la que es mi filosofía de vida de la boca de una supuesta psicóloga. No me gusta nada el ver a la gente llorando contínuamente o, en su defecto, enumerando todos los problemas que ocupan su mente. Siempre he creído que si tratas de tener algo de vitalidad todo te irá mucho mejor, al menos a mi me resulta cargante y me agota psicológicamente hablando el soportar a alguien que en todo momento ve el vaso medio vacío, porque en ese caso lo único que debes hacer es llenarlo. Bastantes complicaciones te da la vida como para encima vivirla de mala manera. Así que, queridos lectores míos, dejadme daros un consejo en solo dos palabras, las mismas que se observan en letras grandes encima de estos enanos caracteres. Carpe Diem.
Nuestra nueva monitora, ya que la habitual está de vacaciones, decidió que nos iría bien una sesión de baile. Bueno, no sonaba mal, algo más o menos entretenido. Pues bien, el instante en el que nos mostró el primer paso dejaba entrever que no sería una coreografía normal, aunque más claro lo dejaron los siguientes. Tras hacer todo tipo de gestos, más o menos normales, que lograron hacerme reflexionar durante mucho rato varias cuestiones. Sí, habéis leído bien, el baile logró hacerme meditar lo que no razono normalmente, porque llevaba atascada con los temas para el blog semanas y en ese instante logré pensar hasta siete, de los cuales, debo decir, solo recuerdo cinco, cosa bastante frustrate, por otra parte. Llegamos a los pasos "ochenteros", lo entrecomillo debido a que estaban mezclado con salsa y algo de pseudohip-hop, aunque siempre con la esencia de esos no tan lejanos famosos años de baile, siendo sinceros, una gran peluca a lo afro y pantalones de campana nos habrían hecho viajar en el tiempo a una época que ni siquiera hemos conocido.
Lo cierto es que esto tan solo me sirve de introducción, o eso debería, aunque parece que me he extendido bastante en ella, pero esa clase tenía intención de tratarla en otra entrada, no hay que desperdiciar ideas que últimamente son escasas. Ahora mismo sé que debéis estaros preguntando para qué he soltado todo este rollo si no voy a terminar hablando de ello, enseguida os responderé que lo que trato de dejar claro es el rídiculo que pasamos en la clase más alejada de lo que está llamada a ser. Diré que si hay algo que no soporto en la vida, por ser un poco exagerada, es hacer el ridículo, aunque, siendo franca, de vez en cuando tampoco viene mal.
Nombro todo esto porque en esa clase al final fue más divertida de lo esperado, no sufrí por estar llevando a cabo pasos incoherentes y que nos hacían plantearnos la edad de nuestra profesora, más bien todo lo contrario, y es que si bien no me gusta hacer el ridículo, una vez que es inevitable hacerlo, mejor disfrutar y tomárselo con humor. Hace no mucho tiempo pude escuchar en la televisión esta misma teoría "Reír por defecto" decían y a pesar de que a la caja tonta no debe dársele demasiada importancia, realmente me sentí identificada. No tanto reír por defecto, logrando que parezcamos unos completos desequilibrados, sino el tomarse con filosofía todo aquello que la vida te ponga como obstáculo, aunque muchas veces sea difícil. Siempre hay excepciones, momentos y situaciones en las que eso se convierte en algo imposible, pero alejados de ellas lo mejor que puedes hacer es disfrutar el momento, exactamente lo que significan las dos palabras que adornan mi título.
Me asombró bastante el escuchar la que es mi filosofía de vida de la boca de una supuesta psicóloga. No me gusta nada el ver a la gente llorando contínuamente o, en su defecto, enumerando todos los problemas que ocupan su mente. Siempre he creído que si tratas de tener algo de vitalidad todo te irá mucho mejor, al menos a mi me resulta cargante y me agota psicológicamente hablando el soportar a alguien que en todo momento ve el vaso medio vacío, porque en ese caso lo único que debes hacer es llenarlo. Bastantes complicaciones te da la vida como para encima vivirla de mala manera. Así que, queridos lectores míos, dejadme daros un consejo en solo dos palabras, las mismas que se observan en letras grandes encima de estos enanos caracteres. Carpe Diem.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)