lunes, 31 de enero de 2011

¿Y si lo hubiese dicho...?

¿Qué pasaría si esta entrada la estuviese escribiendo un periodista del "New York Times"? ¿Y si, por el contrario, la hubiese formado un niño en la arena? ¿Terminaría de la misma manera? Obviamente no. Probablemente en el primer caso acabaría por convertirse en un bombazo, algo increíblemente maravilloso y maravillosamente increíble. El segundo texto desaparecería entre pisadas y miradas indiferentes que no se molestarían siquiera en leer la primera palabra. Lo cierto es que esto no es nada especial, nada del otro mundo, solo un conjunto más de frases y oraciones combinadas con mayor o menor destreza, pero solo es eso, una simple entrada más, un texto que se leerá, posiblemente se comentará y a los pocos días se olvidará, como es lo normal, nadie espera más porque no sería lógico.

¿Qué ocurriría si ese vecino al que tanto detestas, ese al que tanto odias, tuviese una idea magnífica, una que pudiese solucionarte muchos problemas? ¿Y si la pensase tu mejor amigo? No creo necesaria la respuesta. La verdad es que es alucinante la poca objetividad que nos caracteriza, ya puede salir lo mismo de tus labios que de los de la persona que te acompaña, nunca se verá con los mismos ojos. Ni aunque ambos tengáis buena relación con el receptor, aún en ese caso lo recibirá de una manera distinta.

¿Qué diferencia hay entre que Stephen Hawking declare que buscar vida extraterrestre es un riesgo alto a que nos ataquen y que lo diga el agobiante hombre de "El Círculo de Lectores"? Ninguna está basada en algo, ambas son conjeturas, en ese caso ¿Por qué una siembra el pánico y la otra no? Me diréis "No compares, por favor, uno es un físico y científico mientras que el otro solo se dedica a repartir libros casa por casa" Y tenéis razón, pero eso solo me serviría si se basasen en algo, simples conjeturas son simples conjeturas tanto para un científico como para un repartidor.

Busquemos más ejemplos, aunque, para ser sincera no creo que hagan falta más, pero para los más escépticos continuaré mostrando casos. Esta vez nos colocaremos en el campo deportivo, en el futbolístico para ser más exactos ¿Qué repercusión tendría que el adorado Pep Guardiola pronunciase en uno de sus pocos momentos no-zen una queja sobre el árbitro? ¿Y si lo hace el no-tan-adorado Mourinho? También puedo prescindir de responder, tan solo debéis ojear las noticias deportivas, sé lo que algunos de vosotros estais pensando ahora mismo y volveré a parafrasearos "Oh, Dios, Pep nunca haría eso, nunca se quejaría del árbitro ¿¡En qué piensas!?" Y otra vez estaríais en lo cierto, Pep nunca se quejará de un árbitro, tampoco creo que lo necesitase porque esta subjetividad de la que hablo también se muestra en el terreno de juego. En cualquier caso, esa es otra polémica en la que no quiero profundizar.

Buscando un último ejemplo, algo más cercano ¿Qué hay de esa gente que te rodea diariamente? ¿Todas sus opiniones tienen la misma trascendencia en ti? Imaginando la escena, una de esas personas que te importan realmente está contando sus vivencias en la boda a la que asistió el pasado sábado, seguro que te acercas a preguntar, a someterla a un tercer grado para conocer todos y cada uno de los detalles. Cambiemos algunos acontecimientos, la persona que lo cuenta... Digamos simplemente que no es Santo de tu devoción, pongamos que ni siquiera te lo está explicando a ti, tan solo lo escuchas de fondo ¿Qué pensarías? Seguramente tu mente estaría ocupada por frases tales como "¿Y a mi qué me importa?" o "Mírale, haciéndose el interesante" ¿Por qué? por el simple hecho de que no te cae bien, y eso ya le hace el hombre más detestable sobre la faz de la Tierra.

Terminaré exponiendo mi opinión,creo firmemente que nadie es tan horrible como podemos llegar a pensar, al igual que ninguna persona conocida por nosotros es tan absolutamente maravillosa y perfecta como opinamos de algunos. Es cierto que hay excepciones, que hay gente que explota más su lado malvado que el bueno, tristemente no pienso que ocurra igual al contrario, pero en la mayoría de los casos ambos lados están presentes, aunque muchas veces nos neguemos a verlo. Sinceramente opino que tratar de mostrar algo más de objetividad ante las cosas no nos vendría mal, no sería un signo de inferioridad sino todo lo contrario, querría decir que no le das importancia, significaria que no es influyente en ti, sería señal de madurez y tolerancia, demostraría que has pasado página en un libro que aparentabas haber terminado hace mucho.

viernes, 28 de enero de 2011

Frío. Mucho frío...

Sí, sé que me voy a convertir en la chica de los temas raros en el blog, estoy segura. Pero en tiempos de crisis, aunque en este caso no sea económica sino de ideas, hay que saber sacar de donde no los hay. Ya sabéis que mis títulos no dejan nada para la imaginación, así que si leéis "Frío..." quiere decir frío. No hay más.

Hoy he llegado a mi casa con el abrigo tapándome hasta la altura de la nariz, con mis guantes puestos y las manos metidas en los bolsillos para conseguir la mayor calidez posible, pensaba que nada más entrar en mi casa esto se me pasaría, ya que es lo que suele ocurrir en mi domicilio, pero esta vez me confundí. Probablemente debido a que necesitaría teletransportarme al mismísimo desierto de Sahara para entrar en calor, sin embargo eso no es posible, evidentemente.

El caso es que en el segundo en que el abrigo ha dejado de cubrir mi ropa y ha caído encima de mi cama todo esto se ha hecho más notable y no he podido evitar que un escalofrío recorriese mi cuerpo, así que rápidamente he decidido que debía hacer que mis radiadores emanasen calor. Tras esta gran idea, que me perdono no haber tenido antes por estar mis neuronas congeladas, mi camino hacia el salón, donde debía encender la calefacción, fue rápido y preciso. No me frené a la hora de colocarlo a la temperatura más alta posible, aunque luego me arrepintiese y, de nuevo después de apagarlo, volví a lamentarlo.

Coloqué la única manta que tenemos en mi casa para estos frescos momentos encima del radiador y en el momento en el que ya estaba cálido me la puse por encima, esto consiguió calmar un poco la tiritona que tenía, que es poco habitual en mí, ya que no soy para nada friolera, aún así no sé qué me ha pasado esta tarde para llegar a esos extremos.

Si en alguna ocasión me preguntáis si prefiero el verano o el invierno, refiriéndoos en realidad al frío o el calor, siempre responderé que la época en la que la nieve cubre las casas en algunas partes del mundo, aunque tengo asumido que no aquí, es bastante mejor que la primera. En el caso de tener esa gelidez tomando tu cuerpo puedes seguir colocándote capas y capas, jerséis, sudaderas y más jerséis, aunque si esto sigue sin servirte tienes la opción de permitir que el agua caliente cumpla esa función de calefactor, mientras todas esas capas que antes no te sirvieron se ponen sobre el radiador, así en el momento en el que toque cerrar el grifo no volverás a lo mismo de antes y seguirás sintiéndote en pleno Agosto. Por el contrario, a los que prefieran el verano pediré que me cuenten sus técnicas, puesto que yo en esa temporada no logro conciliar el sueño correctamente ni apartarme del ventilador en mi habitación, si me encuentro en el salón, el aire acondicionado se transforma en mi mejor amigo y maldigo el simple segundo en el que piso la primera baldosa de la acera. Llega un momento en el que lo que antes me colocaba encima en invierno deja de existir y ya no quedan más posibilidades o formas de bajar la temperatura de tu cuerpo.

Probablemente al elegir esa época del año estaré sacando mi lado más masoquista, pero yo creo que, si incluso cuando necesito usar mi ordenador portátil como calefactor sigo firme a ese pensamiento, es porque es la realidad, digo esto porque ciertamente no tendría el mismo significado si es dicho en el bochornoso verano. Todo el mundo sueña con estar en el Polo Norte en esos momentos, al igual que yo ahora mismo desearía estar en el desierto del Sahara, como ya he nombrado antes. Así que ya sabéis, si estáis sufriendo este invierno tanto como yo lo he hecho hoy, capas y capas, tazas de café o, en su defecto, nesquik y baños calentitos, eso nunca falla.

sábado, 22 de enero de 2011

Ours

Camina por la calle, a punto de llegar al portal de su casa. Cada vez más deprisa, no puede evitarlo, nunca pudo. En el momento en el que se encuentra sola por la calle su velocidad crece por segundos, no hay motivo aparente, simplemente no es capaz de impedir que le ocurra.

Esa enorme ciudad, Nueva York, jamás ha pensado fríamente el lugar en el que vive. Cada vez que cruza el Central Park para llegar a su domicilio es como si cruzase un parque de cualquier otra parte del mundo. Seguramente le ocurra igual a la primera persona escogida al azar del país que se te ocurra, un londinense no se siente pequeño al pasar bajo el Big Ben, ni un madrileño recuerda su historia mientras la Plaza Mayor le rodea. Simplemente es algo cotidiano, te acostumbras a disfrutar de las maravillas de tu ciudad a diario.

Abre la entrada de su portal y llama al ascensor, su mente sigue dando vueltas en su lengua materna "Elevator buttons and morning air", No puede evitar girar su rostro hacia la puerta cuando escucha ruidos, sus vecinos de enfrente acaban de llegar en un incómodo silencio. Decide sacar el móvil e ir a la bandeja de mensajes para escribirle uno a él "...Strangers silence make me wanna take the stairs, if you were here we´d laugh about their vacant stares..." Suspira profundamente cuando se lo envía, sea como sea él no está allí "...But, right now, my time is theirs" termina la frase en un susurro completamente inaudible. En ese mismo segundo su móvil comienza a vibrar, bendito modo silencioso. Debe haber leído el mensaje que acaba de mandarle y ha decidido contestarla.

Tras leer su respuesta sube corriendo por las escaleras, olvidándose de ese ascensor, el cual deberían arreglar por su inusual tardanza. Se arregla algo más y vuelve al primer piso. Sale desprisa, como siempre, directa a la cafetería localizada frente a su casa, entra y se sienta a esperar. Decide entretenerse escribiendo en una de esas servilletas que tiene delante, rebusca en su interminable bolso, seguro que allí tenía un bolígrafo, en ese lugar se podían encontrar hasta las siete maravillas del mundo ¡Lo encontró!

Comienza a escribir en esa irrompible servilleta "Seems like there´s always someone who disapproves, they´ll judge it like they know about me and you..." Observa la calle por el cristal y le ve haciendo señas, pidiéndola que salga con una sonrisa. Ella se levanta y camina hacia la puerta de salida mientras escucha a la gente hablar "And the verdict comes from those with nothing else to do" Examina a la mujer que acaba de leerle la mente con esa frase, está hablando por su móvil con una cara de póker que bien podría hacerla pasar por jugadora profesional.

Se acerca a él riendo y, sin necesidad de mediar palabra, ambos saben a dónde van, a su parque. Una vez allí buscan el banco de siempre, lo encuentran y lo examinan, descubriendo su frase "The jury´s out, my choice is you" sonríen e intercambian las miradas, la magia se rompe cuando una chica haciéndo footing decide descansar delante de ellos, la música de su Ipod puede escucharse a la perfección, distinguiéndose lo que parece el estribillo de la canción "So don´t you worry your pretty little mind, people throw rocks at things that shine. And life makes love look hard, the stakes are high, the water´s rough, but this love is ours" Por fin concluye su pausa y sigue corriendo, permitiéndoles algo de intimidad otra vez, pero esto vuelve a romperse cuando un niño y su padre comienzan un truco de magia ante ellos, el progenitor elabora y hace, dándole consejos al hijo "You never know what people have up their sleeves" Deciden alejarse y pasear hasta la casa de él ya que debe dirigirse al aeropuerto para coger un avión en menos de media hora. En el camino el silencio es total, aunque no incómodo, esto les permite descubrir otras vidas, escuchar a otras parejas "Ghosts from your past gonna jump out at me" Nada más oír eso ella vuelve a sentirse identificada, fascinándose por las casualidades que han ocupado su día, sigue con eso en su mente cuando se puede distinguir la puerta de la casa de él en la distancia "Lurking in the shadows with their lip gloss smiles". Coge su mano nada más pensar eso y, cuando él la corresponde, vuelve a llenar su mente de buenos pensamientos "But i don´t care ´cause right now you´re mine"

En su puerta, con su maleta al lado y el taxi esperándole, es necesario que se despidan con rapidez "It´s not theirs to speculate if it´s wrong and...", el taxista pita impaciente, obligándole a dejar la frase a medias, tras el típico abrazo se mete en el coche y ella piensa en su última frase hasta que su móvil suena con un mensaje de él "Your hands are tough but they are where mine belong and i´ll fight their doubt and give you faith".

Cuando llega a su casa no puede evitar contemplar su última foto, ambos sonriendo "´Cause i love the gap between your teeth" susurra, después le da la vuelta a la instantánea para leer el comentario que escribió "And i love the riddles that you speak" termina la oración. Quiere olvidarse de que se ha ido de viaje y enciende la television, volviendo a encontrar coincidencias con su vida nada más encenderlo "And any snide remarks from mi father about your tatoos will be ignored, cause my heart is yours..." había visto esa película millones de veces y nunca se había fijado en esa simple frase que encajaba a la perfección con su vida actual.

Sonríe y decide enviarle un mensaje para que lea cuando llegue al destino "They can´t take what´s ours..."
Nunca se había dado cuenta de los pequeños detalles, en su vida los había apreciado, pero hasta en los lugares más insospechados puedes encontrarte un mensaje oculto, tan solo hay que prestar un poco de atención.

miércoles, 19 de enero de 2011

Dubrovnik

Era Septiembre, rondaban las nueve de la mañana y todos los padres se encontraban agobiados por la cercana "Vuelta al cole", como año tras año lo llaman todos los publicistas, que deben tener fundidas sus neuronas por lo que reflexionan ese eslogan. Mi bulto de mano se hallaba en la puerta principal de mi casa, junto al de mis padres, y nosotros desayunando entre cereales, zumo y repasos mentales al equipaje que ocupaba nuestras maletas, aún en las habitaciones.

Poco después las prisas nos pisaban los talones, como habitualmente nos ocurre, consiguiendo apremiarnos. En el momento en el que nuestras zapatillas pisaron la primera baldosa del aeropuerto de Barajas la rapidez había traído a un nuevo amigo suyo llamado cansancio, pero no podíamos permitir que eso nos parase porque el tiempo no estaba a nuestro favor.

¡Por fin! Mi trasero se posa en el, al principio cómodo, asiento del avión. Lo cierto es que no tardaría mucho en tener que cambiar de postura, una y otra vez. Ya que dos horas sentada en un lugar que no dejaba mucha posibilidad de movimiento deja baldado a cualquiera. 120 minutos más tarde o, lo que es lo mismo, un par de horas después, el avión llegaba a suelo croata. El pequeño aeropuerto, simplemente por ese adjetivo, me impresionó. Probablemente porque estoy demasiado acostumbrada a las enormes dimensiones del que tenemos en nuestra capital.

Aún así, nada más llegar al cartel que nos daba la bienvenida a Dubrovnik, en el instante en el que observe esa gran muralla que encerraba aquella preciosa ciudad, la única en la que las huellas de la guerra de los Balcanes no eran visibles, sentí como la ilusión me invadía. Deseaba verlo de noche, iluminada por aquella torre que marcaba la hora y las luces que las tiendas que ocultaban sus callejuelas mostrarían. No me equivoqué al desearlo, relamente la luz de la luna le daba un toque místico que adoraba.

Nos dedicamos a recorrelo varias noches y algunos días, descubriendo paseos nuevos cada jornada. Aún así no tardamos en descubrir que sin coche allí no eres nadie, lo mejor que puedes hacer es moverte, visitar sitios inéditos es casi primordial si viajas a Croacia, así que nosotros no íbamos a ser menos y dedicamos cuatro de los siete días de viaje a recorrer esa parte de la antigua Yugoslavia de punta a punta. A pesar de las carreteras, que no permitían ir a más velocidad de la que se va aquí en ciudad, incluso nos dimos el gusto de ir fuera de Dubrovnik, a diferentes pueblos que allí se encontraban como Ston o Makarska,  y que también asombraban por su belleza o a islas con el ferry tales como Kôrcula, Hvar o Brač, todas más que recomendables.

Eso sí, sin duda alguna el viaje más largo que el coche nos proporcionó fue a Split, una ciudad que esta localizada a algo menos de 200 kilómetros del punto de salida. Decidimos hacer parada en Bosnia, en Neum, los billetes que tengo en mi habitación demuestran esa visita. Tras un día en Split, recorriéndola al completo, nos dispusimos a volver en esas horribles carreteras, lo único que denominaría como horrendo, pero esas calzadas se asemejan bastantes a las que los pueblos de España aún guardan.

La verdad es que cuando llegó el final del viaje, cuando ese pequeño aeropuerto me volvió a abrir sus puertas, solo que esta vez para volver Madrid, no me apetecia, quería quedarme y seguir descubriendo nuevas calles en Dubrovnik o nuevas islas y pueblos en Croacia, visitar Zagreb y Sarajevo... Aún tengo cuentas pendientes con ese país y pienso cobrarlas. Su maravillosa gente me insta y la preciosidad de sus ciudades me obliga a apresurarme a embolsarmelas.

lunes, 17 de enero de 2011

Paz

¿Qué es la paz? ¿Alguien lo sabe realmente? El significado que da la RAE para este término es tan variado y extenso como técnico "Situación y relación mutua de quienes no están en guerra" ese es el primer significado que te aparece en pantalla cuando tecleas esta subjetiva palabra, paz. Tras este van otros que ciertamente significan lo mismo, pero que están ligados a diferentes modalidades.


Sinceramente creo que esta palabra no se puede definir mirando su significado en el diccionario más cercano o en el mismo internet, es algo tan sumamente propio que nadie podría nunca decir lo que se debe hacer para conseguirlo. En lo único en lo que todo el mundo está de acuerdo, como es normal, es en que consiste en respetarse mutuamente, en dejar a cada uno actuar según necesite mientras cumpla la primera de las normas anteriormente enunciadas, el respeto. Siendo sincero con los demás, aunque esto vuelve a la zona de la subjetividad, pues no se debe decir la verdad en todo momento. No hay que insultar, no hay que decir cosas que sean innecesarias y que si se pronuncian pueden hacer daño, también las formas en las que sale de tus labios importan mucho.


Pero es que lo que es tranquilidad y armonía para unos es posible que no lo sea para otros. Para mí el primer paso para, al menos, tratar de lograr lo que la mayoría nombraría como paz es tener consideración con uno mismo, encontrarse a uno mismo, estar en sosiego con uno mismo. Una vez se alcance esa meta, algo bastante difícil, se podrá comenzar con la actual utopía que supone esa buscada unión entre todos. En el presente esto supone la pescadilla que se muerde la cola, como popularmente se llama a la situación que da vueltas como la noria y nunca termina pues lo que debería facilitar el final depende de otra cosa que a su vez está a espensas de la anterior. Expresándome mejor y explicando esta enrevesada frase que acabo de formar diré que me refiero a la dificultad que existe en la fecha para conseguir la paz con uno mismo y, por tanto, para conseguir la paz con el resto.


Siendo franca, cumpliendo una de las normas previamente nombradas, me resulta bastante difícil denominar esa armonía sin caer en las manos de la demagogia, aunque probablemente no sea tan difícil mientras no se nombren conceptos imposibles como son "la paz en el mundo" o "la unión entre todas las Naciones", es una ilusión simplemente el hecho de fantasear con la idea de una paz total y absoluta en momentos en los que ni los países desarrollados puede decirse que estén en una completa tranquilidad. Sea como sea, terminando esta reflexión ya, hago un breve resumen sobre mi opinión y creo que antes de pensar en trabajar juntos en busca de esa ansiada paz debemos empezar por hacerlo individualmente. Cuando todos podamos decir que estamos preparados y a gusto con nosotros mismos, entonces y solo entonces, podremos afirmar estar, aunque sea solo un pasito, más cerca de nuestra tan nombrada paz.

viernes, 14 de enero de 2011

Manías

Llamamos manía a una preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada. Todos tenemos manías, nadie puede presumir de librarse, lo difícil es saber hallar cuáles ocupan tu mente. Hay millones de cosas que pueden dar rabia a una persona, desde la manera en la que unos zapatos están colocados, pasando por si los cuadros están rectos, hasta que un objeto esté centrado a la perfección en el lugar que lo sostiene. También es cierto que algunas manías pueden convertirse en obsesivas, pero yo ahora no voy a tratar ese tipo de antipatías sino las habituales, las que todo el mundo sufre.

Hoy por hoy y tras años pensando que no tenía ninguna de estas tirrias, puedo enumerar a la perfección todas las que sí poseo y, creedme, al menos yo las tengo en grandes cantidades. Al comenzar a enunciarlas no os parecerán tan raras, pero os aseguro que algunas de ellas no se las conozco a nadie más y todos se extrañan al saberlas. Terminando las explicaciones, más adelante empiezo mi lista:

- No soporto ver un zapato del pie izquierdo a la derecha y el del lado diestro en el zurdo, posiblemente haya iniciado la enumeración con algo sencillo y habitual. A lo mejor vosotros pensáis que os pasa igual que a mi al leerlo, pero esto no termina aquí.

- Cuando voy en el coche, no puedo tener mi pelo entre la espalda y el asiento, siempre me lo coloco encima de un hombro. Esta es una de mis manías con explicación, sé si duda alguna el por qué de esta caprichosa necesidad, aunque mi forma de pensar haya cambiado desde que esto comenzó a ser inevitable en mi vida, aproximadamente a los siete años, no puedo evitar seguir haciéndolo.

- No soy capaz de dejar el microondas abierto más de lo necesario cuando estoy utilizándolo, aunque a los segundos vaya a volver a abrirlo, no puedo quitar la manos del tirador de la puerta y dejarla sin cerrar. Me da la sensación, a pesar de saber que no es verdad, de que se está rompiendo poco a poco. Posiblemente esto se deba al efecto de desorden que para mi causa.

- Al dormir debo taparme la oreja que este más cerca de la puerta o, en su defecto, la que esté mirando al techo, ya sea con la sábana o con la almohada. La mano no me sirve. Ésta también tiene su explicación, que igualmente se remonta a mi infancia. Además es una de las más raras, por no decir la más, que tengo.

- Algo parecido a lo que me pasa con el microondas me pasa con la nevera, con la diferencia de que esta sí que se podría dañar al mantenerla abierta demasiado tiempo. Asimismo la sequía que hace pocos años tuvimos me hizo coger la manía de cerrar el grifo cuando no lo esté usando y solo dejar el agua correr cuando tengo todo listo para utilizarla.

- En el momento en el que veo una mínima mancha o imperfección en cualquier lugar no puedo quitármela de la cabeza hasta que deja de estar ahí, además me producirá una sensación de desasosiego que solo desaparecerá si la arreglo o limipio yo misma o veo como otro lo hace.

-Todos los botes de cualquier cosa, me da igual lo que contengan, deben estar cerrados mientras no se estén usando. De todas formas está no es una de mis grandes manías, puesto que tampoco es algo tan importante para mi.

Terminando la lista de aversiones con esta última y dejando que la curiosidad me invada os pregunto ¿Y vuestras manías? ¿Cuáles son?

jueves, 13 de enero de 2011

¿Recuerdas esa noche de Reyes...?

Tras una semana de "vacaciones", sin nada que escribir en este blog, parece haber llegado la hora de la vuelta. Así que, como el día de Reyes está aún muy reciente, ocuparé este espacio contando una anécdota que, aunque aparentemente debería haberme ocurrido este año, sucedió en ese frío mes de Enero del 2010. Para conseguir ubicaros os daré tres datos:


5 de Enero, Noche de Reyes. Aproximadamente las once y media post merídiem. Me encontraba junto con mi padre en el salón de mi casa, mi madre se hallaba en el trastero, cogiendo alguna cosa necesaria para envolver los regalos que al día siguiente entregaríamos al resto de familiares.

Supongo que tras esto habreis conseguido situaros por lo que me es posible continuar. Mi televisión nos permitía disfrutar del programa que en ese momento veíamos en el mismo instante en el que el sonido del ascensor me informaba de que mi madre ya estaba subiendo.

Esto se confirmó cuando escuché el elevador abrirse y los pasos de mi madre, que distingo a la perfección, acercándose a la entrada de mi casa. Lo único que me extraño es que lo hizo con una rápidez poco habitual en ella. Al abrir la puerta de mi casa, la oí con su emocionada voz decirme que los Reyes Magos habían llegado y teníamos allí sus regalos, en el descansillo.

Asombrada por lo que acababa de salir de sus labios, salí al rellano para sorprenderme aún más al ver allí varias cajas de regalos perfectamente envueltos y que, sabía a ciencia cierta, no eran nuestros. Unos encima de otros y cada cual más grande que el que tenía sobre él. Pasaron segundos hasta que la puerta de la casa que está pared con pared con la mía se abriese, dando paso a mi vecina.

Con ropa de estar por casa y bastante azorada nos comentó riendo que sus hijos "Los más nerviosos del edificio" habían decidido levantarse debido a que la excitación que sentían por la noche que era no les permitía dormirse. En el momento en el que salieron de la cama, ella tuvo que actuar rápido y lo primero que se le ocurrió fue sacarlos al rellano, el lugar más cercano a su árbol de Navidad.

Poco después de entrar de nuevo en mi casa conseguí escuchar levemente como recogían uno a uno todos los regalos que ocuparon anteriormente un espacio en el descansillo. Por eso este año, cuando nos los encontramos en esa mágica noche, nos anunciaron que habían sido previsores y esta vez los tenían escondidos bajo la mesa más baja de la casa, una que tiene un mantel que no permite descubrir lo que hay debajo. Tras eso ella nos dijo "Recuerdas esa noche de Reyes...?"