Sabes que es Navidad, o que esta está cerca, cuando en la televisión te llenan de anuncios de juguetes para niños que ocuparán hojas y hojas en las listas que cientos de éstos enviarán ilusionados a los Reyes Magos.
Sabes que es Navidad cuando llegas a un centro comercial y los adornos te emocionan como si tuvieses seis años, pero te da igual porque tu eres feliz.
Sabes que es Navidad cuando la publicidad de lotería llega a la pantalla de plasma de tu salón, incitándote a comprarla y mandándote suerte, diciéndote que todo puede ser posible en esos momentos.
Si me hiciesen elegir una época del año, no dudaría ni un solo segundo en escoger el invierno, incluso con el frío que consigue dejarte sin sensibilidad en todas y cada una de las parte de tu cuerpo, incluso con la dificultad de levantarse cada mañana a las 8 en punto para ir a clase, cosa que en verano me ahorro. Pero, por muy extraño que suene, yo soy feliz en Navidad más que en ninguna otra época del año. Consigue hacerme disfrutar de cada segundo como si fuese único, logra que vuelva a ser una niña pequeña, sin preocupaciones mayores que realizar correctamente una suma o no encontrar mi juguete favorito.
Por eso, cuando veo que cada vez comienza antes, no puedo evitar que una sonrisa aparezca en mis labios. Cierto es que todo se termina conviertiendo en algo completamente comercial, pero es que a mi no me importa, porque, sea como sea, mi corazón se acelera al pensar en Nochebuena, mariposas invaden mi estómago en Nochevieja y el día de Reyes ambas sensaciones se unen.
Cuando ves a padres con carros de la compra llenos y llenos de juguetes de todos los tipos y de todos los colores y niños inocentes a sus lados, corriendo entre ellos y preguntando a sus progenitores por qué compran tanto esas personas, cuando ves a los padres saliendo del paso, contestando cosas que ni siquiera ellos se creen, pero que a sus hijos les valen por su ingenuidad. Y, lo admito sin pudor, yo estuve en su lugar, yo pregunté que ocurría para que las tiendas fuesen arrasadas días antes de que el árbol se llenase de regalos, yo me creí lo que me contaron y fui feliz tras ello.
Pero ahora, sin esa convicción de que la magia existe, sigo vibrando con la del resto de críos del mundo. Sigo disfrutando montando el árbol de Navidad y adornándolo, aún me enamora esa imagen del árbol rodeado de regalos perfectamente envueltos, con el típico lazo que todas las películas familiares muestran, sigo deseando que llegue el día en el que, según dicen, todos los deseos se cumplen.
Podeis llamarme cría, podéis llamarme inocente, pero yo os contestaré que, sea como sea, yo disfruto la Navidad como nadie lo hace y, también os diré, que para mi y aunque sea solo en mi imaginación, la magia si que existe.

pues yo odio la navidad.
ResponderEliminarJÁ.
Ya hija ya lo se xD lo que no entiendo por qué, pero ya estaba al tanto de tu odio por la navidad xDD
ResponderEliminarA mí me encanta la Navidad, me hace feliz :D
ResponderEliminarIgualmente :D
ResponderEliminar¡Ay! A mí también me encanta la Navidad. Me pasa como a ti, Marta, que me recuerda a mi infancia.
ResponderEliminarAdemás me gusta mucho eso de salir a la calle con el abriguito, un gorro, bufanda, guantes... Y ver todas las lucecitas de colores por la calle o las tiendas supermegadecoradas. Y sí, también sé que es algo comercial, y que se está perdiendo el sentido de la Navidad, de estar con la familia; y se está quedando en algo material, basado en regalos y no en pasar tiempo con tus seres queridos.
Aún así, para mí es una de los mejores periodos del año y, como a Bea, me hace inmensamente feliz :D
Para mí la Navidad es el mejor momento del año, me encanta, la adoro. Me gusta el frío, las luces, los regalos, las cenas de familia, envolver los regalos la noche de reyes para mis sobrinos, la inocencia y la ilusión, pasear por un centro atestado de gente, quejarme de todo y, al mismo tiempo, estar encantado, la cena de Navidad con mis amigos, donde hacemos el infame amigo invisible, en el que hay que regalar el peor regalo del mundo...Todo es divertido, y encima está el turrón de Suchard, el producto más adictivo del mundo.
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