viernes, 26 de noviembre de 2010

Televisión basura

basura.

 (Del lat. versūra, de verrĕre, barrer).

1. f. suciedad (cosa que ensucia).

2. f. Residuos desechados y otros desperdicios.

3. f. Lugar donde se tiran esos residuos y desperdicios.

4. f. Estiércol de las caballerías.

5. f. Cosa repugnante o despreciable.

6. f. coloq. U. en aposición para indicar que lo designado por el sustantivo al que se pospone es de muy baja calidad. Comida, contrato basura.




Cogiendo la definición número seis y colocando el sustantivo televisión antes, ya nos podemos imaginar cómo será este elemento. Partiendo de esa base, sin indicios que marquen una posible adicción, lo cierto es que no comprendo lo que causa en mi este tipo de programas.


Es cierto que tengo algunos límites, no veo los peores programas, tales como los rosas, los de cotilleo que llaman, aquellos en los que debaten sobre la vida de gente que no me interesa. ¡Ya me gustaría a mi ver a esos "periodistas" siendo perseguidos como ellos hacen!


Pero, por otra parte, si que me trago espacios como son "Mujeres, hombres y viceversa" "Gran hermano" "El juego de tu vida" o "Las joyas de la corona". Sé perfectamente diferenciar entre cualquier programa de calidad y los que no lo son. Reconozco que la gran mayoría de mi tiempo frente a la caja tonta lo ocupo con televisión basura, no obstante sigo viéndola.


Probablemente debería comenzar a preocuparme por si mis valores se transformasen en alguno de estos días, aunque dudo que eso ocurra pues lo que realmente me atrae de estos programas es la gran diversidad de especies que ocupan el mundo y, lo que es peor, las que están dispuestas a mostrarlo al país, aunque, como siempre, con algún beneficio por medio.


Es más que divertido oír hablar a estos personajillos, sobre todo en lo que a conjugar verbos se trata. El vocablo haber es el preferido: Yo haiga, tú haigas, él haiga... ¿De dónde se habrán sacado esa forma de conjugar este verbo? Pues es un error más que común en esta gente.


Supongo que esto lo único que hace es responderme a la pregunta de qué veo en este tipo de espacios. Simplemente morbo. La gente es tan morbosa, me incluyo, que encuentra la televisión basura una gran forma de alimentar su malsano lado, por lo que, cada vez que hay un programa de estos en antena, la audiencia sube como la espuma.


Por consecuente, las cadenas se aprovechan de ello y a cada día que pasa existen más espacios de este tipo o peores, porque cada vez son más porquería que el que precedía. Ahora bien, lo cierto es que cuanto más basura es un programa, más satura psicológicamente. Obviamente no por su alto nivel intelectual, no porque te hagan pensar, ni mucho menos. Sino porque cuanto peor sea el programa, peor será la gente, más gritos habrá y más se pisarán al hablar. Con lo que no te permitirán seguir la conversación por mucho que lo intentes, consiguiendo que cambies de canal. O eso sería lo lógico.


Por último, expongo el mayor dilema que me han planteado estos espacios ¿Qué toma esa gente para poder, día tras día, seguir gritando igual y no quedarse nunca afónica? Yo todos los inviernos sufro de afonía y la verdad es que me encantaría encontrar eso tan milagroso que toman ellos. Me ahorraría muchas molestías en esta época del año.


 

jueves, 25 de noviembre de 2010

¡Malditas agujetas!

Sé que es atípico dedicarle toda una entrada a este horrible dolor, más que atípico siendo lógicos, pero éstas agujetas no parecen muy normales, la verdad.

Ayer fui, como hago habitualmente los lunes y lor miércoles junto con María, Bea, Alba e Irene, a aerobic. La clase comenzó flojita, ahora bien, esto no quería decir que fuese a terminar igual, para nada. Enseguida nos hicieron coger todo tipo de instrumentos que presumían de hacernos sufrir mucho, mucho.

Tonificación, íbamos a hacer tonificación. Tan solo la palabra me produce un enorme respeto. Tras colocarnos las pesas de pie en donde el mismo nombre alardea que deben colocarse, mi extremidad cayó como si de repente la fuerza de la gravedad fuese más grande que nunca, se me hacía casi imposible levantarlo, pero lo peor vendría después, ya que me tocaba no solo levantarlo sino aguantarlo en el aire durante varios segundos. Al menos eso nos cuentan, pero yo no sé si creerme lo de los segundos, a mi se me hicieron horas.

Uno. Dos. Tres. Cuatro. Al cinco ya no es que me tuviese que esforzar por subirlo, es que eso no se elevaría ni si mi vida dependíese de ello, era imposible y muy muy frustrante, sobre todo cuando ves a la instructora cada vez con más energía, eso ya te derrumba.

Parecía que todo iba a terminar y que la tortura a la que nos estaba sometiendo acabaría también cuando nos hizo dejar las pesas de pie en su sitio, pero nada más lejos de la realidad. Ahora nos tocaba hacer lo mismo sin las pesas. Imposible. Pero ¿Había alguien en esa clase que aún tuviese un mínimo de fuerzas? Si lo había no era yo, eso era obvio. Pero claro, como resulta que soy la más cabezota de ese lugar, voy y me digo "¡Pues esta la hago sin descansos!", no se me podía ocurrir otra cosa, no, tuvo que ser eso. Y como me lo había propuesto, tenía que hacerlo. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Un poquito mas... El martirio continuaría durante más tiempo y mis fuerzas fallaban, aún así no desistiría, yo hacía eso como que me llamaba Marta. Cuando lo hice y me quedé por fin a gusto, decidí que había cumplido y el resto de ejercicios los hice como de costumbre, con mis pequeños descansos.

La clase terminó con algunos estiramientos que relajaron todas las fibras de mi cuerpo, sabía que hoy me dolerían mis extremidades al completo, pero no sospechaba que el sufrimiento fuese a ser tan extremo. Bien, ayer me fui a la cama relajada sin indicios de ningún mal.

Está mañana, por el contrario, ha sonado el despertador, consiguiendo que abriese los ojos. Al girarme para apagarlo, he sentido como mi brazo se negaba a actuar como normalmente lo hace, aparte de no tener las fuerzas normales, he notado los pinchazos invadiéndome. Pero no presentía lo que iba a experimentar en el momento de poner los pies en el suelo. Ese fue el segundo en el que presagié un día lleno de dolor.

Lo cierto es que no me equivoqué, hoy es el día en el que más odio estar en el piso en el que estoy en el colegio, cosa a la que últimamente solo le veía ventajas, excepto los jueves. Primera hora: Inglés. Sube escaleras, además deprisa, porque aunque llegues en hora, no quieres llegar ni un minuto tarde. Segunda hora: Plástica. Baja los libros de inglés, coge plástica y vuelve a subir dos pisos otra vez. Tercera hora: Alemán. Vuelta a lo mismo, ve al primer piso, llévate los libros de alemán bajo el brazo y vuelve al punto de comienzo. Lo normal es que al ir a inglés coja tanto los libros de alemán como lo necesario para plástica y así no tener que volver a bajar, pero hoy parece ser que mi quimera particular con mis extremidades no me ha permitido pensar con claridad y se me ha olvidado completamente. Al menos hasta antes de clase de Alemán, a la que si he podido ir directamente desde el aula de Artística.

Al parecer mi sufrimiento no había sido el suficiente de momento y ha permanecido intacto durante todo el día, no puedo dar un solo paso sin sentir esa molestia en todas partes. Todo esto solo me deja una moraleja que os aconsejo seguir: Hacer deporte es malo, no lo hagáis, ni lo intentéis. Si aún así seguís practicándolo, allá vosotros.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Confianza

¿Te resulta fácil confiar en alguien? ¿Se te hace difícil contarle a la gente cercana a ti todos y cada uno de tus sentimientos?

La confianza se gana, eso está claro, como el respeto. Pero también es obvio que hay a personas a las que le cuesta más confiar en los demás que a otras, quizás por alguna antigua decepción, a lo mejor por miedo a que esa desilusión con alguien se produzca, aunque si lo piensas fríamente, ¿Realmente confias en alguien si temes que te defraude?

El confiar en alguien consiste en pensar que esa persona actuará como, según tus principios y según tus pensamientos, se debe actuar, ante cualquier comentario o ante cualquier acción. Pero esa confianza puede hundirse de repente, puede dejar de existir en un simple segundo, a pesar de tardar años en crearse.

Es algo enorme, aunque no se pueda tocar, ni ver, ni sentir. Es algo deseado, todo el mundo quiere poder confiar, todo el mundo quiere que crean en él, incluso los que no lo merecen. Es algo que puede sacarte una sonrisa, tanto si tu te fias de alguien como si se fían de ti.

Se convierte en algo reconfortante saber que tienes un amigo en algún lugar que te va a escuchar, que te va a hacer caso, que, al menos, te intentará ayudar y, si no lo consigue, se ha preocupado en tratar de hacerlo. Pero, más allá de eso, también consiste en saber que no va a usar esa información para nada malo, no va a utilizarla en tu contra.

Consiste en saber que esa gente a la que le has otorgado tu confianza va a estar dándote la mano en todos tus malos momentos, porque para lo bueno es más fácil estar con alguien, es fácil reír, pero se hace más difícil cuando lo que hay que hacer es cortar las lágrimas.

Sea como sea, la confianza sí se gana, pero dentro de unas barreras, no solo le cedes tu confianza a quién lo merece, sino a la persona con la que tienes feeling, la persona con la que compartes ideas, sentimientos. Supongo, o más bien estoy segura, que está altamente conectada con la amistad. Sin embargo, sé por experiencia propia (Que aunque no esté cercana sigue siendo válida) que hay amistades que sobreviven sin una confiaza plena, aunque no puedan considerarse eternas. Al igual que un fuego puede sobrevivir sin madera, pero poco a poco va muriendo.

Lo cierto es que es una de las cosas más grandes que el hombre puede tener en sus manos. La gente no sabe realmente lo que es, hay personas que juegan con ella, que no saben mantenerla ni respertarla. Hay individuos que utilizan su confianza en sus amigos para romper la fe que otros tienen en ellos. Y si esas personas se enteran, comienza un agotamiento emocional que, de converirse en algo continuado, acabará con su credulidad en ellos. Aunque hay gente a la que le cuesta mucho llegar a confiar en alguien y muy poco perder la confianza, por lo que esas personas que tengan su convicción deben sentirse orgullosos, pues suelen ser pocos. Yo, particularmente, me incluyo en ese pequeño grupo de semejantes a los que les cuesta confiar en la gente.

Simplemente creo que la sociedad debería de pensar en los demás, debería ser considerada. No creo que sea difícil. Pero, además y sobre todo, me parece algo completamente deshonesto el utilizar la confianza de otros y, por tanto, sus sentimientos, en su contra. Por fortuna, en la actualidad tengo muy claro en quién confiar y estoy segura que esa gente en la que creo no me va a fallar. Solo espero que dentro de poco todo el mundo pueda decir lo mismo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Nostalgia

¿Recuerdas aquella época en la que todas tus preocupaciones se basaban en no salirte al colorear o en aprederte el abecedario?

¿Recuerdas ese momento en el que deseabas hacerte mayor y, por consecuente, hacer todas esas cosas que hacían ellos?

Yo sí, y cada vez lo añoro más. Añoro no tener más que dos sumas de deberes, añoro esas tardes sin problemas, sin exámenes que estudiar, esas tardes sin disgustos, porque si los había, se fundamentaban en que uno hacía trampas jugando al escondite o en que se habían copiado de ti al hacer algo. Echo de menos el reírme por cualquier tontería, ya que, aunque ahora intente siempre buscarle el lado positivo a las cosas, reírme todo lo que pueda, divertirme todo lo que pueda, es obvio que nada será como antes.

Echo de menos que la mayor heroicidad que se podía hacer era decir "por mi y por todos mis compañeros". Echo de menos que mis padres me diesen un euro de paga los sábados y yo me ilusionase porque para mi era una fortuna. Echo de menos esos juegos, esas tonterías, esa inocencia.

Extraño no enterarme de las maldades del mundo, extraño esa ingenuidad que te hacía feliz. Extraño esas antiguas creencias. Extraño el pensar que todo puede pasar, que todo es posible.

Recuerdo el disfrute de las pequeñas cosas, pues todo lo que se aprendía se convertía en algo maravilloso, algo nuevo completamente. Las sonrisas eran reales, la gente era perfecta y no había ningún inconveniente en tu vida, no había nada que te pudiesen impedir hacer lo que te propusieses.

Adoro rememorar la falta de vergüenza que caracteriza a esa edad, hacer tonterías y no pensar que nadie te juzga, saber que nadie te juzga ¿Por qué? Porque eres un niño. Me encanta ver esas películas de Disney que tanto me gustaban de pequeña y que tantos dolores de cabeza daban a mis padres. Esas que veía una y otra vez y me seguían encantando. Y que aún me encantan.

La emoción cuando se te caía un diente de leche, cuando te levantabas y descubrías un regalo bajo tu almohada. Cuando tu mayor deseo era vestirte de princesa y ponerte los tacones de tu madre. Cuando estos se te salían, te quedaban grandes, pero te daba igual. Tu te los ponías y te caías con ellos millones de veces, aun así no desistías. Esos momentos en lo que siempre que te pasase algo, cualquier tontería, con ir a contárselo a tu madre se arreglaba. Porque aunque me guste ser autosuficiente, a veces también me encantaría que todo se solucionase tan simplemente.

Nadie se callaba nada, no existía el rencor, no existía el odio. Esas palabras estaban tachadas en tu diccionario particular.

Porque cuando eres pequeño quieres ser más mayor, quieres tener posibilidades de hacer más cosas, quieres ser autosuficiente, esa inocencia, el no entender ciertas bromas, ciertos comentarios te frustra. Pero no sabes lo que te pierdes al querer crecer tan rápido. La vida del niño es fácil y sencilla. La del adulto es bonita, eso es innegable, pero hay matices que siempre añoras, cosas que extrañas y gente a la que echas de menos. Como siempre, no se puede tener todo.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Heidelberg ♥

Hace seis meses que puse el pie sobre uno de los lugares en los que más feliz he sido. Hace medio año que dejé mi huella en el suelo mojado de la Bismarckplatz, recorriéndola, conociéndola.

Todo comenzó un inolvidable cuatro de mayo. Llegué al aeropuerto de Barajas con los nervios a flor de piel y con algo moviéndoseme en el estómago, pero no tardé en comprobar que no era la única, todos nos encontrábamos en la misma situación. Se acercaba el momento de embarcar, así que, tras charlas y charlas interminables, la mayoría sobre como sería todo allí, como sería la familia, como estaría la gente que siete meses antes había conseguido hacernos disfrutar de Madrid como nunca, nos fuimos corriendo, aunque tampoco hiciera falta. Hicimos parada en el Mc´Donalds, disfrutamos de la comida que habíamos cogido en éste y, tras terminarla, nos metimos en el avión.

El vuelo se nos hizo algo más ameno, consiguiendo que nos olvidásemos de esos nervios traicioneros que nos perseguían como un detective sigue los pasos de un sospechoso, todo esto lo lograron unas pantallas, colocadas delante de nosotros, justo en el respaldo del asiento de enfrente. Solo unos televisores que en realidad no eran tales, pues no daban la posibilidad de ver canales de televisión, sino series, películas y  música ya grabadas. Sea como sea, nos permitimos ver desde un capítulo de "Los Simpsons" hasta otro de "Friends" pasando por tonterías varias que pusimos para que las carcajadas relajasen un poco nuestro gesto, desde luego no valdríamos para engañar a un polígrafo.

Nada más pisar ese nuevo suelo y entrar en ese desconocido aeropuerto, necesité leer los carteles para reaccionar y aceptar que ya no estaba en mi precioso y adorado Madrid, sino en Heidelberg, esa ciudad hermosa que nadie debe perderse. Parecía eterno el desplazamiento que debíamos hacer desde el aeropuerto hasta la estación en la que se produciría la reunión.

Tras algún que otro contratiempo, entramos en el tren, en el que la intranquilidad por el primer encuentro nos hizo tratar de evadirnos con algún juego de móvil y conversaciones totalmente diferentes a lo que en esos momentos nos mantenía inquietos, alguna que otra foto y alguna que otra risa nerviosa harán ese momento imborrable, pero las estaciones pasaban y las falsas alarmas sobre si llegaba la última cada vez eran más abundantes, aunque no podían ser eternas, por lo que un poco más tarde dejó de ser una suposición y se convirtió en una realidad. Habíamos llegado, por fin. Salimos lo más rápido que pudimos del tren y cada uno buscó a sus respectivos intercambios. Después de ese primer encuentro, del primer contacto con las familias y de los abrazos y besos entre nosotros, cada uno se fue a sus respectivas casas, pues necesitábamos descansar tras ese largo viaje.

La primera mañana comenzó con ilusión y cansancio, debido al madrugón que tuvimos que darnos. De todas formas se convirtió en un día tranquilo, con una visita al enorme colegio y bromas mientras que algunos jugaban al fútbol. Posteriormente fuimos al centro de la ciudad y, en éste, de compras. No fueron tanto las compras sino las compañías y las situaciones que vivimos las que consiguieron que eso fuese inolvidable.

Los días pasaron entre visitas al centro, juegos y casualidades. No queríamos que llegase el final, pero algún día debía hacerlo, al menos aparentemente. El día de la vuelta llegamos al colegio con la noticia de que nuestro vuelo se había cancelado, la mayoría no teníamos esperanzas de que, aún así, nos fuesemos a quedar, había miles de soluciones al asunto, por lo menos visto desde la mirada pesimista que nosotros tratábamos de tener para no llevarnos desilusiones, por lo que nos despedimos como si fuese la última vez que los íbamos a ver hasta dentro de mucho tiempo.

Después de esperar en el colegio, hablando, bromeando, cobrando esperanzas de quedarnos hasta conseguir otro avión. Pero las esperanzas volvieron a caer como cae una pluma por la fuerza de la gravedad cuando nos dijeron que debíamos emprender otro viaje con destino al aeropuerto. Olvidándonos de nuestros planes de ir a Frankfurt. Así que allí nos plantamos, tras un largo desplazamiento en tren, dimos vueltas por el aeropuerto y comprobamos que el vuelo estaba definitivamente cancelado por la nube de polvo desprendida del famoso volcán islandés. Por esa causa no nos quedó más salida que esperar a que nos diesen información, o más bien a nuestros profesores, ya que nosotros nos sentamos y comenzamos a hablar, a desear quedarnos más que nunca, a hacer tonterías como rezar aunque no se sea creyente y el que no lo hizo, por muy raro que suene, acabó mal, porque unos segundos después nos anunciaron que había un vuelo, que ya habían sacado billetes para más de la mitad y no tardaron en nombrarles. Castellanos, Jorge. Ruiz, Lidia. Álvarez, Adrián. Poco a poco los billetes se iban terminando, pero hasta que no se repartiese el último, las esperanzas seguían en un uno porciento. Y llegó la última. Escudero, Eva. Respiramos tranquilos los que habíamos tenido la suerte y reímos para acabar con nuestros nervios.

Nos permitieron dar una vuelta por el aeropuerto y pasear por sus tiendas, mientras buscábamos un buen sitio para dormir esa noche si nos quedásemos allí. Pero no fue necesario, nada más volver al punto de encuentro nos avisaron de que volveríamos a Heidelberg y que nos quedaríamos allí tres días más. Esto nos permitió disfrutar más aún del viaje, descubrir más aun la Hauptstrasse y reír más. Convirtiéndolo en un viaje irrepetible, por mucho que volvamos, nada podría ser igual. Se transformó en el viaje perfecto y lo seguirá siendo por mucho tiempo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Navidad

Sabes que es Navidad, o que esta está cerca, cuando en la televisión te llenan de anuncios de juguetes para niños que ocuparán hojas y hojas en las listas que cientos de éstos enviarán ilusionados a los Reyes Magos.

Sabes que es Navidad cuando llegas a un centro comercial y los adornos te emocionan como si tuvieses seis años, pero te da igual porque tu eres feliz.

Sabes que es Navidad cuando la publicidad de lotería llega a la pantalla de plasma de tu salón, incitándote a comprarla y mandándote suerte, diciéndote que todo puede ser posible en esos momentos.

Si me hiciesen elegir una época del año, no dudaría ni un solo segundo en escoger el invierno, incluso con el frío que consigue dejarte sin sensibilidad en todas y cada una de las parte de tu cuerpo, incluso con la dificultad de levantarse cada mañana a las 8 en punto para ir a clase, cosa que en verano me ahorro. Pero, por muy extraño que suene, yo soy feliz en Navidad más que en ninguna otra época del año. Consigue hacerme disfrutar de cada segundo como si fuese único, logra que vuelva a ser una niña pequeña, sin preocupaciones mayores que realizar correctamente una suma o no encontrar mi juguete favorito.

Por eso, cuando veo que cada vez comienza antes, no puedo evitar que una sonrisa aparezca en mis labios. Cierto es que todo se termina conviertiendo en algo completamente comercial, pero es que a mi no me importa, porque, sea como sea, mi corazón se acelera al pensar en Nochebuena, mariposas invaden mi estómago en Nochevieja y el día de Reyes ambas sensaciones se unen.

Cuando ves a padres con carros de la compra llenos y llenos de juguetes de todos los tipos y de todos los colores y niños inocentes a sus lados, corriendo entre ellos y preguntando a sus progenitores por qué compran tanto esas personas, cuando ves a los padres saliendo del paso, contestando cosas que ni siquiera ellos se creen, pero que a sus hijos les valen por su ingenuidad. Y, lo admito sin pudor, yo estuve en su lugar, yo pregunté que ocurría para que las tiendas fuesen arrasadas días antes de que el árbol se llenase de regalos, yo me creí lo que me contaron y fui feliz tras ello.

Pero ahora, sin esa convicción de que la magia existe, sigo vibrando con la del resto de críos del mundo. Sigo disfrutando montando el árbol de Navidad y adornándolo, aún me enamora esa imagen del árbol rodeado de regalos perfectamente envueltos, con el típico lazo que todas las películas familiares muestran, sigo deseando que llegue el día en el que, según dicen, todos los deseos se cumplen.

Podeis llamarme cría, podéis llamarme inocente, pero yo os contestaré que, sea como sea, yo disfruto la Navidad como nadie lo hace y, también os diré, que para mi y aunque sea solo en mi imaginación, la magia si que existe.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Mr. Curiosity

Hey mr. curiosity,
is it true what they've been saying about you?
are you killing me?
you took care of the cat already
and for those who think it's heavy
is it the truth or is it only gossi
p?


El otro día me encontraba sola en mi casa, sin nada que hacer ni nada que me entretuviera. Llegué, de alguna manera desconocida, hasta esta maravillosa canción de la que, al principio, solo os pongo el comienzo.

¿Nunca habeis sentido la extraña necesidad de escuchar una canción contínuamente? Exactamente eso me ha sucedido a mi con esta, se me ha grabado en la memoria y no soy capaz de olvidarla, su letra, su música y, por supuesto, lo que me transmite, lo que me recuerda. A pesar de que lo que trata de expresar no es alegre, a mi me otorga un estado de relajación y una rara felicidad, que no llega a serlo del todo, pero que se le acerca lo suficiente como para engañar a los sentidos.

call it mystery or anything
just as long as you'd call me
i sent the message on did you get it when i left it?
see this catastrophic event

it wasn't meant to mean no harm
but to think there's nothing wrong is a problem



Es una delicia poder escuchar una canción, aunque sea de fondo, y poder sentir tanto con algo tan simple. Una sensación parecida a comer una golosina para un amante del azúcar o probar una onza de chocolate para un apasionado del cacao. No puede existir mejor entretenimiento para los momentos muertos que ponerte unos cascos y abrir el reproductor con tu melodía favorita.

Pero no solo podría sacar cosas buenas de la melodía, también adoro la letra, a pesar de que no dice gran cosa, de que cuesta entenderla, comprender sus juegos, sus intenciones. Una vez lo haces, todo sale solo, ahora bien, si no consigues captarlo, simplemente déjate llevar y piensa lo que más te plazca. Será igual de satisfactorio.


i'm looking for love this time
sounding hopeful but it's making me cry
love is a mystery
mr. curious...

come back to me


Probablemente, dentro de unas semanas, cuando un sinfín de sucesos ocurran a mi alrededor, como un leve zumbido suena en tu oído aunque no te des cuenta, mi mentalidad cambie, aunque sea lo mínimo, y mi percepción de las cosas, incluida esta canción, no sea la misma. A lo mejor deja de gustarme, a lo mejor simplemente dejo de encontrarle tanto sentido como en la actualidad o también puede ocurrir que, al recordar los momentos en los que anteriormente la escuché, la sensación no cambie.


mr. waiting, ever patient can't you see
that i'm the same the way you left me
in a hurry to spell check me
and i'm underlined already in envy green
and pencil red
and i've forgotten what you said


La primera nota, la primera tecla de piano, te engatusa, no permitiéndote dejar de eschucharla. Cualquier ruido que pueda molestar en ese segundo se convertiría en una pesada mosca rondando delante de tus ojos, resonando en tus oídos su silbido, como si quisiese hundir ese momento.


will you stop working for the dead and return
mr. curious well i need some inspiration
it's my birthday and i cannot find no cause for celebration
the scenario is grave but i'll be braver when you save me
from the situation laden with hearsay


La verdad es que todo el mundo debería tratar de percibir todo esto mientras practica lo que más le guste hacer. Ya sea sentado en el sillón de su casa, siendo una persona tranquila o descargando adrenalina en cualquier deporte, si prefieres estar en movimiento. Yo me decanto por lo primero, no cambiaría una tarde relajada en casa, haciendo lo que me apetezca, por nada del mundo, aunque de vez en cuando también me apetezca salir y divertirme, prima en mi la tranquilidad y el disfrute de las pequeñas cosas, como un café no podría existir si no se conociese la semilla del cafeto o como Julieta no tendría ningún sentido sin Romeo, yo necesito mi dosis de tranquilidad y ¿Por qué no decirlo? pereza, para ser yo.

i'm looking for love this time
sounding hopeful but it's making me cry
trying not to ask why
this love is a mystery
mr. curiosity be mr. please
do come and find me


Seguramente parezca exagerado todo esto, indudablemente me he puesto empalagosa y pedante en esta entrada. Pero es inexpugnable que a todo el mundo le ha ocurrido alguna vez con una determinada canción lo mismo, y si no es con una canción, será con una película, un baile, una actividad, un lugar o incluso una persona. Y si, aun así, seguís defendiendo que no os ha ocurrido, realmente os recomiendo que trateis de sentirlo alguna vez, porque merece la pena.

love is blinding when the timing's never right
oh who am i to beg for difference
finding love in just an instant
well i don't mind
at least i've tried
well i tried, i tried...













sábado, 6 de noviembre de 2010

Los ojos de Julia

"Los ojos de Julia" trata sobre una mujer con una enfermedad degenerativa ocular, Julia, que va a visitar a su hermana gemela Sara, que sufre su mismo mal, tras tener el presentimiento de que algo malo le ha sucedido. Cuando llegan a la casa de ésta, se la encuentran ahorcada en su sótano. Todo parece indicar que se trata de un suicidio debido a que no pudo superar su ceguera, pero Julia está convencida de que ha sido un asesinato, por eso decide investigar sobre la muerte de su hermana. A partir de éste momento, se adentra en una zona oscura y llena de misterios en la que su vida corre peligro a cada segundo.

Ayer por la tarde fui con Bea a verla al cine. Como siempre, llegamos justas, así que corrimos hasta la sala que nos correspondía como si no existiese un mañana y, cuando entramos en esta, respiramos al ver que la película aun no había comenzado, pero solo unos segundos después ésta empezaba y Bea y yo nos preparábamos como siempre lo hacemos con las películas de miedo, mi chaqueta delante y agarradas a la otra.

El primer fotograma daba muchas esperanzas sobre su trama, entretenida y, como todas las películas de este género, llena de sobresaltos que te hacen saltar de la butaca. Todo dejaba ver que no defraudaría a los amantes del miedo. Pues bien, según avanzaba la trama, el terror se disolvia como azucarillo en una taza de café y éste se convertía en angustía, cuando algo debía sorprender, se volvía previsible. No era difícil atar cabos y averiguar cual sería el siguiente paso que daría la película.

Sobre la mitad del  filme, las ganas de que acabase y la sensación de que era interminable aumentaban. Cuando parecía que todo iba a concluir, la trama daba otra vuelta de tuerca y la luz al final del tunel volvía a oscurecerse y alejarse. Pero, aunque parezca mentira, las ganas de ver la palabra "Fin" en pantalla, no aumentaban por aburrimiento, sino porque, si mis nervios crecían un ápice más, seguramente me habría dado un colapso allí mismo. No es una de esas películas de terror que te llenan la vista de escenas asquerosas que no puedes quitarte de la cabeza en varios días, de todas formas no puedo obviar que alguna de estas hay, al igual que había en "El orfanato", probablemente debido a que ambas comparten director y productores.

Esta cinta utiliza el terror psicólogico, pero el más básico del género, tanto que ni yo, miedosa por naturaleza, podría denominarlo terror. Te deja, mientras dura la película, un nudo en el estómago y unas ganas de gritar 
que no desaparecen hasta que la última escena da paso a los títulos de crédito.

Cuando éstos llegan y sales de la sala del cine, los efectos de la película duran unos segundos, pero no te es difícil centrarte en otra cosa y olvidar las sensaciones que, momentáneamente, te invaden el cuerpo. En conjunto, esto la convierte en una buena película que sirve para mantenerte en un estado de nervios casi contínuo mientras dura el largomentraje, pero que no persiste cuando éste termina. Recomendable, aunque tampoco en exceso.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Rhythm is it

"Rhythm is it" es un documental que vimos en clase de música y muestra, mediante algunos jóvenes con problemas, como la música y el baile puede hacernos confiar en nosotros mismos y subir nuestra autoestima.

Estos adolescentes tienen muchos y dificilmente solucionables problemas como estar en una ciudad nueva, un país nuevo, sin entender el idioma y en la más completa soledad o como tener que testificar en un juicio en contra de tu madre porque esta no te hace caso.

Con todos estos problemas, necesitan algo que les haga sentir vivos y sentir importantes, aunque sea por un simple y breve segundo, y eso es el baile.

Final y exitosamente, representaron "La Consagración de la Primavera" de Igor Stravinsky frente a cientos de espectadores que, al terminar la actuación, aplaudieron.

Tras todas las horas ensayando, todo su sudor, toda su persistencia, finalmente consiguieron su ovación. Lo que necesitaban para sentir que podían hacer las cosas bien, una ovación.

Este documental consigue hacerte reflexionar sobre tu vida, consiguiendo que tus problemas pasen a un segundo plano y te metas en los de esa gente. Apoyándolos y sintiendo la necesidad de ayudarlos aunque te sea imposible. Por eso, a la llegada de las últimas escenas, cuando ves la evolución, los ves crecer como personas y sentirse mejor con ellos mismos, la inevitable sonrisa se posa en tus labios.

Gracias a ésto te das cuenta de lo leves que son tus preocupaciones y problemas y piensas que, si estos ya te rebosan, si debieses enfrentarte a los suyos no sabrías continuar como ellos lo hacen. Aunque, probablemente, una vez que los tienes delante y al no quedarte más que hacerles frente, todo el mundo pueda, con mayor o menor efectividad dependiendo de la personalidad, obviamente, de maneras mas o menos acertadas, pero todos tratariamos de seguir adelante.